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lunes, 12 de enero de 2015

Enseñanzas de Nassim Nicholas Taleb sobre la Antifragilidad (II)

Parte II

Vía Negativa


Uno de los conceptos más interesantes, como ya hemos mencionado anteriormente, es el de Vía Negativa.  Este enfoque evita la descripción directa, enfocándose en lo que no es posible. La diferencia entre un charlatán y un verdadero profesional (en algunos casos) es que el primero da consejos en positivo, aprovechándose de la credulidad, mientras que el segundo se encarga de aconsejar sobre el “que evitar”, reduciendo los riesgos, caso de un buen médico o un ajedrecista experto, que se esfuerza por no perder. La aplicación del conocimiento sustractivo se basa en eliminar aquello que creemos equivocado, buscando la antifragilidad y evitando ser “tontos” y cometer errores, en la medida de lo posible.

En ello se basa la epistemología sustractiva, ya que sabemos mucho más sobre lo que está mal que sobre lo que está bien, es más robusto el conocimiento negativo (lo que está equivocado, lo que no funciona) que el conocimiento positivo (lo correcto, lo que funciona), por lo tanto, el conocimiento crece mucho más por sustracción que por adición, dado que lo que hoy sabemos puede demostrarse erróneo en un futuro, mientras que lo que sabemos erróneo no podrá demostrarse correcto más adelante (o al menos no tan fácilmente). Esta idea es uno de los principios escéptico-empíricos de la era post-clásica del mediterráneo oriental, y la idea de la refutación ha impregnado desde hace mucho la “ciencia dura”. La vía negativa es un elemento de la sabiduría clásica, por ejemplo, para el sabio y religioso árabe Alí Ibn Abi-Taleb, mantenerse alejado de una persona ignorante tenía el mismo valor que tener la compañía de otra sabia.

Neomanía


Una de las características de lo antifrágil, aunque nuestro instinto pueda llevarnos a engaño, es que lo viejo es superior a lo nuevo, y que lo es en mayor medida de la que podemos imaginar, ya que como comentamos anteriormente, el tiempo es el mayor desenmascarador de la antifragilidad, al quebrar lo frágil. Uno de los males contemporáneo más extendidos es lo que llama la “neomanía”, ligada al intervencionismo ingenuo, el cual nos hace pensar que las cosas siempre van a mejorar o pueden mejorar por la intervención humana. Esta neomanía acarrea fragilidad, pero es un mal que debería ser tratable, con buenas dosis de paciencia. Lo que sobrevive, lo hace por que cumple alguna función (en el mayor de los casos oculta) que el tiempo, a diferencia de nosotros, es capaz de ver. Por ello, podemos usar el concepto de fragilidad como motor de la predicción. Reincidiendo, y relacionando esto, con las asimetrías tratadas anteriormente, lo antifrágil se beneficia del desorden y la volatilidad, mientras que lo frágil queda perjudicado. Partiendo de esta afirmación, el tiempo es sinónimo de desorden y entropía. Por lo tanto, si queremos comprender el futuro, debemos dar una importancia mayor a aquello que existe desde hace tiempo, aquello que ha sobrevivido a la entropía, al ser más antifrágil.


La tecnología alcanza su máximo beneficio cuando no genera efectos negativos, y sustituye a la precia, nociva, antinatural, alienante y frágil. Por ejemplo, Internet ha sustituido y hundido a muchas multinacionales burocratizadas y manejadas por trajeados con la cabeza hueca. Está matando a la televisión, diseñada para una sociedad suburbanita, diseñada para el empleo constante del coche particular, sometida al estado-nación policial, autoritario y militarizado, llevándose por delante a los medios de masas que controlan la cultura y el pensamiento, que dan voz al pensamiento económico imperante. Estas grandes empresas (sociedades anónimas) con tendencia al monopolio u oligopolio están actualmente amenazadas por el auge de Internet; su pseudorrigor  reinante se cae lentamente por la barrera de la edad y el acceso a las nuevas tecnologías de la información. Pese a los beneficios de algunas tecnologías, existe un sesgo mental que hace que la gente crea en el poder de una tecnología, y de la capacidad de esta para hacer que nuestro sistema funcione, olvidándose de que esta depende del suministro de energía, entre otras cosas. Otro sesgo nos hace otorgarle una excesiva importancia a la tecnología, reacción que deriva de nuestra tendencia a advertir lo cambiante antes que lo estático.  Los psicólogos Kahneman y Tversky fueron pioneros en la catalogación de sesgos a los que tendemos, desarrollando la idea de que nuestros cerebros tienden al mínimo esfuerzo, y tienden a caer en la preferencia, ante la percepción de resultados y la toma de decisiones en condiciones de incertidumbre. Por ejemplo en el caso de la riqueza, el impacto de decirle a alguien que ha perdido 20.000 Euros, será muy superior que si le decimos que sus activos han pasado de 345.000 a 325.000 Euros, cuando en realidad estamos diciendo lo mismo. El error de atender a la variación en vez de al total, es muy recurrente y extendida. Percibimos con mayor facilidad lo que cambia, que lo que no varía, aunque lo segundo tenga una función más importante. Nuestra dependencia del agua es mayor que la dependencia de la telefonía móvil, pero como el agua ante nuestros ojos no cambia, y los móviles si lo hacen, tendemos a pensar que estos últimos realizan una función más importante de la que en realidad tienen.




De este sesgo surge la “neomanía”, un concepto en parte asociado al consumismo y a la necesidad impuesta de “estar a la última” nos lleva a una obsolescencia, que en muchos casos no solo es técnica, sino visual, y nos hace consumir innecesariamente. Este es el llamado efecto de “cinta de correr” definido por Kahneman y sus colegas al estudiar la psicología de los estados hedónicos. Al comprar un nuevo artículo, nos sentimos satisfechos, pero esta satisfacción es transitoria, y se desvanece con facilidad, volviendo a surgir esa necesidad de “actualizarse”. Curiosamente, esto no se da con el arte clásico, o con antigüedades, es algo inherente a lo tecnológico. Tampoco en la cocina las innovaciones pueden superar a las recetas caseras, pese a que se intente vender la nueva cocina como una mejora, creo que todos disfrutamos de la “cocina de la abuela”, esnobismos a parte. La artesanía lleva implícito un amor especial, frente a lo producido en cadena. Casualmente, lo tecnológico es frágil, lo artesano carece de “efecto de cinta de correr”, y es propenso a tener cierta antifragilidad.

Profetas modernos


Llegamos a una parte que particularmente me gustó mucho, ya que ciertos círculos de opinión somos tachados de agoreros, adivinos o calificativos similares, en tono jocoso o incluso ofensivo. Al realizar advertencias basadas en la vulnerabilidad, aplicando la profecía sustractiva, puede que nos asemejemos a lo que podría llamarse un “profeta”. No se predice necesariamente, pero advertimos o pronosticamos calamidades que sucederán si no cambiamos ciertos comportamientos o formas de vida. Puntualizar que Taleb apoya sus argumentos en cierto historicismo religioso, pero que lo relaciona con los problemas actuales. También habla de Casandra , y de la maldición de que su don profético no sería creído (recordemos el nombre del blog del genial Ugo Bardi “El legado de Casandra”). La incapacidad del ser humano de aprender de los errores (la ausencia de recursividad), y recordarlos, nos hace incapaces como especie de atender a los mensajes valientes que son valiosos en el largo (e incluso medio) plazo. Esta ausencia de pensamiento recursivo es una de las luchas del autor, junto con concienciar sobre la noción de fragilidad.

Iatrogenia y medicina


La iatrogenia, es el daño derivado de la acción médica, es una de las intervenciones ingenuas contra las que se carga en el libro. Nos explica unos principios de la iatrogenia:

1- El empirismo: No necesitamos la prueba de un daño para afirmar que un fármaco o proceso antinatural por vía positiva es peligroso, ya que el daño reside en el futuro, y el empirismo, no es empirismo ingenuo.

2- No linealidad de la respuesta: La iatrogenia no es lineal. No deberíamos asumir riesgos con personas prácticamente sanas, pero si deben asumirse con quienes consideremos en riesgo. La sobremedicación es una lacra en las sociedades occidentales, fruto de la presión de los lobbies y la poca ética de ciertos médicos.

Frente a su crítica a parte de la medicina moderna, suelen replicarle “hoy tendemos a vivir más tiempo que las generaciones anteriores”, y los que usan el argumento aún más estúpido de que propender a lo natural significa “volver a lo brutal y breve, a las cavernas”, que es como decir que consumir alimentos frescos y no enlatados significa rechazar la civilización, el estado de derecho y el humanismo. El aumento de la esperanza de vida se debe entre muchas otras cosas, a la mejora de la higiene, los antibióticos, la menor criminalidad, la cirugía (la que salva vidas, no la que se usa con objetivos estéticos) y sobre todo por la labor de muchos profesionales de la medicina, que intervienen en situaciones de grave riesgo para la vida de las personas. Por tanto quien se piense que vivimos más por estar atiborrados de fármacos, para Taleb, está equivocado.

La iatrogenia afecta a otros ámbitos, por ejemplo al dinero. La búsqueda de más y más dinero nos hace renunciar a la antifragilidad . Cuanto más dinero tienes, más falsas necesidades te creas, más hábitos insostenibles, y  esto se retroalimenta positivamente por el entorno elitista, en el que la competencia, la envidia y el aparentar dominan el ambiente. De hecho, a los hedonistas les desagradaba el confort, y conocían bien sus efectos secundarios. La idea de renuncia a las posesiones materiales para hacer retiro es una estrategia sustractiva recurrente en la antigüedad, como vía negativa. Pocos han considerado que el dinero lleva a la iatrogenia y que alejar a algunas personas de su riqueza simplificaría sus vidas y les reportaría beneficios en forma de estresores saludables, si uno sabe en que “empobrecerse” bien, renunciando a lo innecesario de la civilización moderna, que es mucho. Según el, la verdadera riqueza consiste en “dormir sin preocupaciones, tener la conciencia tranquila, practicar la gratitud recíproca, vivir sin envidias, tener buen apetito, fortaleza muscular y energía física, reírse a menudo, no comer solo, realizar algún trabajo físico, ir bien de vientre, no visitar salas de reuniones, y recibir alguna que otra sorpresa periódica” por lo que podemos decir que es básicamente periódica, y radica en la eliminación de la iatrogenia.

Ética de la fragilidad y la antifragilidad



Bajo la gran complejidad de nuestro sistema, muchos se benefician ocultando riesgos y perjuicios sin que la ley ni la justicia sean capaces de frenar esas acciones. La iatrogenia tiene efectos retardados e invisibles, y estos efectos son difíciles de entender e interrelacionar. Taleb propone como medida estilo el código de Hammurabi, que cada cual se juegue algo personal en sus acciones y decisiones, como “seguro”, una solución simple que funcionaba en la antigüedad , pero que la afición neomaníaca ha olvidado. De esta forma, la palabrería no saldría tan barata como en la actualidad, donde muchos prodigan ciertas actitudes sin hacer lo propio con lo suyo, y donde no se hace nadie responsable de las consecuencias de sus acciones. Esto provoca una transferencia maligna de fragilidad y antifragilidad, de forma que ciertos agentes se quedan con los beneficios y trasladan a los receptores los daños, de forma inadvertida, facilitada por la creciente brecha entre los ético y lo legal, algo que ha existido siempre, pero que se ha ido agudizando en nuestros días, ya que la modernidad lo oculta especialmente bien.

Y es que cada vez se respeta menos a quienes asumen riesgos de padecer consecuencias negativas por los demás, sustituyéndose cierto heroísmo por el “problema de la agencia”. El problema de la agencia consiste en que el administrador de un determinado negocio o empresa no es realmente el dueño de esta, lleva a cabo una estrategia aparentemente razonable en lo superficial, pero de forma oculta se beneficia y se vuelve antifrágil a expensas de los verdaderos dueños o de la sociedad, trasladando la fragilidad a estos. Cuando acierta, recoge beneficios abundantes, y cuando se equivoca, son otros los que pagan el daño. Es lo clásico que sufrimos en este sistema Neoliberal, donde se privatizan los beneficios y se socializan las pérdidas, dando forma a una suerte de socialismo para listillos, que trasladan el capitalismo más despiadado hacia las capas más desprotegidas. Vivimos en una sociedad donde el sacrificio por los demás ha sido denostado, mientras que el aprovecharse del prójimo está socialmente aceptado, cosa que refleja lo enfermo que está el sistema. Taleb divide a la sociedad en quienes no asumen riesgos con sus actos y decisiones, y se aprovechan de otros individuos (disponen de opciones a expensas de otros, sin que estas últimas sean conscientes), los que ni se benefician ni perjudican, y unos terceros, que asumen el daño en carne propia, de número muy reducido. Estos últimos deberían de recuperar en el nuevo sistema el honor y respeto que merecen, mientras que los primeros debería pagar las consecuencias de su deshonesto comportamiento.

Nos habla del código Hammurabi, como hemos visto, la fragilidad y la ética van de la mano. Los efectos de transferencia de fragilidad se hacen cada vez más agudos a medida que el sistema actual tiende a acumular “héroes a la inversa”, lo que significa que muchas profesiones modernas se hacen antifrágiles a costa de nuestra fragilidad general. Los antiguos nos dan ideas para diseñar un nuevo sistema que penalice estos comportamientos carentes de ética, el código Hammurabi, de 3.800 años de antigüedad expuso la necesidad de restablecer una simetría de fragilidad. En este código, si al constructor se le desplomaba el edificio provocando la muerte de su dueño, el constructor sería ejecutado. Obviamente es un ejemplo extremo, y no deberíamos aplicar algo tan extremo, pero si más suavizado, pues sería una norma eficaz para la gestión de riesgos. No se trata de castigar a los culpables con efectos retroactivos, si no de salvar vidas o evitar la transferencia de fragilidad, proporcionando desincentivos para que quienes desempeñan una determinada profesión se abstengan al máximo de causar daños a terceros. Hay otros ejemplos, Ralph Nader (abogado y activista) aplica una regla sencilla: Las personas que votan a favor de una guerra deben de tener al menos un descendiente expuesto a la posibilidad de combatir en ella.

Aplicar una regla similar (en el fondo) a los creadores de opinión sería una buena forma de evitar que ciertas opiniones causen daño, como en la actualidad. Que el opinador participe de los riesgos de su información, jugándose algo propio en lo que dice o escribe. Esta sería una primera estrategia heurística.

Otra muy útil sería la redundancia (algo muy dado en la naturaleza), como margen de seguridad, aunque sea a costa de la optimización, atenuando así las asimetrías en lo que se refiere a nuestra sensibilidad al riesgo.

Muchos “expertos” se dedican a hablar, y dicen muchas cosas distintas, para acertar siempre, y llama a esto "Posdecir". Con el tiempo, se autocitan, recurriendo a algunos de los (muchos) argumentos que esgrimió, explicando a posterior y con narrativa un determinado acontecimiento, como si ellos lo hubiesen predicho, pareciendo más inteligentes que los que en realidad predicen. Esta distorsión retrospectiva es utilizada por estos postdictores, que desgraciadamente son mucho más abundantes que los predictores, y son más famosos, teniendo más altavoz y repercusión, lo cual es muy triste e injusto. Estos siguen escribiendo, pese a que dijeron muchas cosas, que la gente sin conocimiento del historial de estos individuos, que se fiaron de sus opiniones vuelven a tener repetidamente problemas, al recurrir de nuevo al mismo “experto” con altavoz mediático.

Un paso más allá encontramos lo que Taleb bautiza como “Síndrome Stiglitz”, por el renombrado economista, uno de los considerados inteligente y referencia. Es el problema de quien incita y provoca una acción sin que se le pueda exigir rendir cuentas por sus palabras. En nuestro entorno tenemos al “experto” Daniel Lacalle y su propaganda del Fracking, y como el tenemos muchos otros, como Jose Carlos Diez y Gonzalo Bernardos, con la burbuja inmobiliaria española. Stiglitz, junto con otros colaboradores hicieron un informe asegurando que Fannie Mae no corría ningún riesgo, y si lo corría, era tan pequeño que era difícil de detectar, y que el riesgo para el gobierno de un impago de su deuda era cero a todos los efectos. Poco después Fannie Mae quebró, y se rescató, cargando el muerto a los contribuyentes, que a día de hoy siguen pagando el desaguisado. Más adelante, en 2010, el mismo Stiglitz dijo que el había predicho la crisis que comenzó con la quiebra que el mismo había negado como posible. A día de hoy, este “experto” sigue teniendo voz y prestigio. Esto se trata de un fenómeno muy arraigado en nuestro sistema, una enfermedad que garantiza que los economistas volverán a llevar a mucha gente a la ruina.  El Síndrome de Stiglitz corresponde con la selección interesada a posteriori.  Por ello, Taleb recomienda no pedir opinión o pronóstico, sino preguntar que hace con lo suyo y con su vida. Es el caso de la “falsa izquierda”, que dice una cosa, y hace la contraria, como los principales sindicatos en España. Esto lo bautiza como el “socialismo de champán”

En el extremo opuesto, tenemos a personas que no solo se juegan algo personal con lo que dicen o escriben, sino que ponen el alma en ello. Un profeta no es el primero que tiene una idea, sino quien cree en ella y la defiende hasta sus últimas consecuencias. Recordar, como hemos comentado anteriormente, que la “buena profecía” procede de la sustracción y detecta la fragilidad. A partir de esto, se distingue al pensador auténtico del mero aficionado a la palabrería barata. Se necesita un compromiso doxático, un tipo de implicación con una creencia, que debe traducirse en hechos (Stiglitz a la inversa).

Ética y antifragilidad de las grandes empresas


Las grandes empresas proporcionan bebidas basura saturadas de azúcar, mientras que los artesanos elaboran vino y quesos. Se produce una transferencia de fragilidad que penaliza lo pequeño en beneficio de lo grande, pero esto dura hasta que lo grande revienta y todo se va al garete. El tinglado comercial funciona únicamente por adición (vía positiva) y nunca por sustracción (vía negativa): las compañías farmacéuticas no se benefician si dejamos el azúcar, los “gestores financieros” no se benefician, si usamos nuestro dinero para ayudar a un familiar a poner en marcha un negocio local. Estas grandes empresas se mantienen en pie si crecen, y evidentemente ello terminará por autodestruirse, pero eso es harina de otro costal.

Marketing en productos perjudiciales


Se nos venden productos perjudiciales, que necesariamente necesitan marketing para engañar a los consumidores, sea Coca-cola, tabaco u otros productos que nos hacen enfermar. Se nos seduce con imágenes evocadoras, eslóganes y otras estrategias que nos hacen desear productos perjudiciales. Esto es posible debido a que, como originalmente argumentaron Marx y Engels, las grandes corporaciones, sociedades anónimas burocratizadas, se han hecho con el control del Estado, con la excusa de que son grandes empleadoras ( el muy cacareado “crean empleo”), y gracias a esto, extraer importantes ventajas a expensas de pequeñas y medianas empresas. De ahí que una empresa con 600.000 empleados tengan vía libre para arruinar la salud de la ciudadanía, y al mismo tiempo beneficiarse de la protección implícita de los rescates con dinero público, mientras que los artesanos no gozan de esta inmunidad. Los artesanos, salvo excepciones (traficantes de drogas) y pequeñas empresas tienden a vendernos productos saludables, que necesitamos de forma natural y espontánea, por contra, las empresas más grandes (incluidas las farmacéuticas) tienen más probabilidades de dedicarse al negocio de producción de iatrogenia a gran escala, y no solo nos arrebatan el dinero, sino que secuestran al Estado gracias a sus ejércitos de lobbistas y sus tretas de marketing. No veremos aplicado el marketing a productos artesanales de primera necesidad. Hacer marketing sin transmitir información es sinónimo de inseguridad. Las tabacaleras en sus anuncios tratan de evocarnos grandes momentos románticos, que por la vía lógica no tendría conexión posible. Así que el consumidor buscando romanticismo, lo que probablemente terminará encontrando es un cáncer. Una empresa de capital abierto no siente vergüenza, ni lástima y por supuesto, no tienen ningún sentido del honor ni de generosidad. Para estas solo las acciones realizadas en interés propio son aceptables.

Sin embargo, y afortunadamente, las sociedades humanas funcionan gracias a múltiples actos de generosidad entre las personas, incluso entre extraños. Todos estos defectos de estas sociedades anónimas es que no se juegan nada realmente suyo (cultural o biológico) con sus decisiones y acciones, por ello tienden a dañar a terceros en beneficio propio. Los sistemas de este tipo tienden a implosionar, ya que como dicen “es imposible engañar a demasiada gente durante demasiado tiempo. El problema de esto, es que los gerentes sufren el “problema de la agencia” y les da igual, al solo guardar lealtad a su riqueza personal, y se auto-otorgan bonificaciones antes de la implosión, y no les daña la quiebra, trasladando el daño a la sociedad.

Ética y profesión


Debemos revisar el sentido correcto de la flecha causal:


Ética (y creencias) ==> Profesión

O

Profesión ==> Ética (y creencias)


Muchas personas seleccionan las reglas éticas que les interesan para justificar sus actos. Por desgracia esto es algo muy recurrente en la actualidad. La codicia es antifrágil, pero no así sus víctimas, por lo tanto algo hay que cambiar para revertir esto. Aquí surge el “problema del tonto”, en la creencia de que la riqueza hace más independientes a las personas. Con poco se desmonta esta falacia, ya que nunca hemos sido más ricos en la historia de la humanidad, y también más endeudados (los antiguos pensaban que un individuo endeudado no era libre, sino esclavo). Y todavía hay quien habla de “crecimiento económico”. Estamos de nuevo hablando del efecto de “cinta de correr”, y no podemos fiarnos de nadie que este bajo este efecto.

Cualquiera puede volverse esclavo de una profesión tras cierta fase de adoctrinamiento, hasta el punto que todas sus opiniones sobre cualquier tema pasen a ser auto-interesadas, y por tanto, no confiables para el colectivo. Por esta misma razón, según Montaigne reformulando el argumento de Séneca en De beneficiis, se estaría obligado a condenar a todos los profesionales del mundo. Hay que separar entre los asuntos individuales y públicos. Ganarse la vida con una profesión no es algo inherentemente malo, y solo debe ser motivo de sospechas cuando atañe daños a terceras personas. Para Aristóteles, un “hombre libre” es aquel que opina libremente porque goza de plena autonomía para hacer lo que quiera con su tiempo.

En la antigüedad, existía la vergüenza, hasta el punto que el destierro y el exilio era uno de los mayores deshonores, aplicado en algunas Ciudades-Estado. En el actual sacrosanto Estado nación, u organismos de mayor magnitud organizativa, los encuentros cara a cara y las raíces sociales tienen un papel mucho menor, por lo que la vergüenza deja de cumplir su papel disciplinario. A parte de la vergüenza, Taleb menciona en esta apartado la amistad, la socialización y la pertenencia a un grupo con intereses colectivos afines como deseables, vía re-localización, para aumentar la antifragilidad del futuro sistema.

Puertas giratorias entre la política y el sector energético español


Sobre las famosas “puertas giratorias” establece que quien se dedique al servicio público no debería estar autorizado a ganar posteriormente más dinero con ninguna actividad comercial privada que el sueldo del mejor pagado de los funcionarios públicos. Sería un tope voluntario, que impediría el uso de cargos públicos como trampolín profesional hacia el sector privado.

Lo Ético y lo Legal


Como hemos visto anteriormente cuando hablábamos de la neomanía, la brecha entre lo legal y lo ético se ha ido agudizando, ya que en la actualidad, los ex-reguladores y ex-cargos públicos que cobran su sueldo de los ciudadanos pueden usar luego su experiencia y contactos desarrollados durante su “servicio público” para beneficiarse de los resquicios técnicos que han detectado en el sistema cuando se pasan a la privada. Cuanto más compleja sea la regulación, y más burocrática la red generada, más podrá beneficiarse posteriormente  un ex-cargo público. Esta ventaja sería una función convexa de su saber diferencial, una asimetría de la que gozan unas personas a costa de otras. En el caso de España, observamos el exagerado caso del sector de la energía, donde los ex-reguladores pasan a las filas de los consejos de administración de empresas del sector hacía el que legislaron positivamente sin ningún tipo de tapujos, y además defienden su derecho a hacerlo como si tal cosa. Cuanto más complicada es una regulación, más proclive es a arbitrajes de personas que manejan información privilegiada. Los que tienen acceso a información privilegiada se llevan mal con la regla “menos es más”.

Por otro lado, la diferencia entre la letra y el espíritu de la regulación es más difícil de detectar en un sistema complejo, y los entornos complejos con no linealidades son más fáciles de manipular que los lineales con número reducido de variables. Lo mismo sucede con la diferencia entre lo legal y lo ético. Las reglas éticas deben proponerse antes de actuar, y no después.

Grandes datos y la Opción del investigador


La opcionalidad es un fenómeno presente por doquier, y es importante comentar que la selección interesada destruye totalmente el espíritu de la investigación y convierte la profusión de datos en algo dañino para el conocimiento. Más datos suponen más información, pero por desgracia también significa más información falsa. Observamos que cada vez menos trabajos son publicados para confirmar resultados previos, por lo que urge revisar los manuales de muchas grandes disciplinas. Respecto a la economía, podemos olvidarnos, ya que apenas podemos fiarnos de muchas ciencias de orientación estadística, sobre todo cuando sus investigadores trabajan bajo la presión de publicar para avanzar en su carrera académica, aunque algunos de estos digan que están haciendo “avanzar el conocimiento”.

También existe un incremento del ruido. El investigador se beneficia de las consecuencias positivas, y en muchas ocasiones, la verdad sufre las negativas. La opción gratuita del investigador reside en la selección sesgada de datos estadísticos que sirvan para confirmar su creencia (o mostrar un buen resultado) y descartar el resto. Pueden hallar relaciones estadísticas espurias. Los datos tienen una interesante propiedad: cuanto más grande es un conjunto de datos, más atribuibles resultan las grandes desviaciones al puro ruido (o varianza) en comparación con la información (o señal).



Existen técnicas para controlar la información sesgada, pero ni siquiera se pueden atrapar a los culpables (del mismo modo que la regulación no impide a los poseedores de información privilegiada manipulen el sistema a su favor). Esto implica, por que en los 12 años transcurridos desde la decodificación del genoma humano, no hayamos descubierto nada especialmente significativo. Esto no quiere decir que no haya información en esos datos, sino que esta es una aguja en medio del pajar.

Los experimentos pueden estropearse por problemas de sesgo, ya que el investigador tiene el incentivo para seleccionar los datos que andaba buscando, y para ocultar intentos fallidos. Incluso se puede formular la hipótesis después de haber obtenido los resultados de un experimento, adaptándola, y no al revés. Este efecto de “engañados por los datos” se está acelerando por los “Big Data”, grandes conjuntos de datos manejados por las actuales tecnologías de la información y comunicación, que han llevado en casos el sesgo hasta niveles industriales. La modernidad proporciona demasiadas variables, pero con un número excesivamente pequeño de datos por variable, y las relaciones espurias crecen desmesuradamente, en comparación con la información real, ya que el ruido es convexo, y la información cóncava.

Cada vez es más cierto que los datos solo pueden facilitarnos realmente un conocimiento sustractivo, por vía negativa: pueden servir para refutar y desacreditar, pero no para corroborar. Y obtener financiación para este tipo de estudios es desgraciadamente cada vez más complicado. La ciencia no debe de ser una competición, no debe de tener rankings, y es fácil deducir que un sistema así terminara por saltar por los aires.

La Tiranía del colectivo


Los errores cometidos de forma colectiva son el distintivo del saber organizado, y el mejor argumento en contra de este. Hoy en día abundan las justificaciones del tipo “porque eso es algo que hace todo el mundo” o “así lo hacen los demás”. No es algo trivial: personas que por si solas no harían algo por que lo encuentran estúpido, lo llevan luego a cabo cuando actúan en el marco grupal. Y ahí es donde el mundo académico tiende a infringir las normas de la ciencia.

Esto explica por qué la economía como disciplina no se ha desmoronado todavía a pesar de la absurdidad evidente con la que se maneja, y de la absurdidad “científicamente probada” de sus contenidos.  La impunidad perpetúa el fraude, y por ello siguen enseñándose teorías económicas que causan el reventón del sistema financiero, o se siga instruyendo sobre bondades de elixires “curalotodo”. Esto nos mantiene atrapados en un sistema circular en el que todo el mundo sabe que el material que se enseña está equivocado, pero en el que nadie goza de suficiente libertad (o tiene el valor) para hacer algo al respecto.

La ciencia debería ser el último lugar en el que se usen justificaciones del tipo “porque lo piensan los demás”, la ciencia consiste en la formulación de argumentos que se sostengan por si solos, y si se demuestra que algo es empírica o matemáticamente erróneo, es erróneo y punto, por mucho que cien “expertos” no estén de acuerdo con esa apreciación. El problema de la dilución colectiva de la responsabilidad es algo que se tenía presente en el pasado, y convertían en “pecado” el seguir a una multitud que hace el mal.

Taleb no pretende dar clases de ética (le ponen nervioso los adalides de esta), lo único que pretende es eliminar la opcionalidad, reducir la antifragilidad de la que gozan unos a costa de otros. Pura y simple vía negativa.


Conclusión


Podemos construir sistemas protegidos frente a los cisnes negros a partir de la detección de la concavidad. Podemos tomar decisiones médicas entendiendo correctamente la convexidad del daño y la lógica de los ajustes y las manipulaciones innovadoras de la madre naturaleza, así como en que lado de esa convexidad nos enfrentamos a condiciones de opacidad o a que error deberíamos arriesgarnos. La ética gira respecto a las convexidades robadas y la opcionalidad.

La aleatoriedad distribuida (opuesta a la de tipo concentrado) es una necesidad, no una opción: todo lo grande es de volatilidad corta, así como lo rápido. Lo grande y lo rápido son abominaciones. Los tiempos modernos no se llevan bien con la volatilidad.  La triada Fragilidad-Robustez-Antifragilidad nos proporciona indicios de lo que deberíamos hacer para vivir en un mundo que se resiste a que lo comprendamos, un mundo cuyo encanto reside precisamente en nuestra incapacidad para entenderlo de verdad.

El mejor modo de verificar si uno está vivo es comprobando si le gustan las variaciones. La comida no tendría sabor si no existiese el hambre, los resultados carecen de sentido sin esfuerzo, igual que la alegría sin la tristeza, o las convicciones sin la incertidumbre. Y una vida ética no es tal cuando se ve despojada de riesgos personales.

11 comentarios:

  1. Mauri

    Magnífico resumen, es como releer el libro, a mi me gusto tanto por las ideas que me lo leí dos veces. Ya me había leído el cisne negro y, después me leí su primer libro Fooled by Ramdomness.

    El concepto de la vía negativa es muy potente, especialmente para descartar escenarios algo que es ignorado por la academia con consecuencias funestas. Las intervenciones naif en economía son especialmente dañinas y demuestran una ceguera ante los sistemas complejos que es alarmante, lo que genera iatrogenias que sólo son Cisnes Negros para aquellos, que como el pavo, creen que cada día que les acerca a Acción de Gracias es una confirmación de su bienestar creciente y que no tendrá fin.

    Saludos

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    1. Gracias Jordi, me alegra que te haya gustado la síntesis.

      El libro, y la obra de Taleb es muy necesaria por el sentido común que destila y por introducir conceptos necesarios para la situación grave en la que nos encontramos, y da ideas de cara a la gestación de un nuevo paradigma acorde a las circunstancias. La forma de escribir del autor es amena y accesible, y además es bastante heterodoxo, por lo que puede llegar a más público.

      Saludos.

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  2. Gracias Max por este resumen. Como dice Jordi, viene muy bien para repasar. Está muy bien trabajado. Yo lo leí en verano, tomé notas pero ni siquiera las he releído. Por cierto, tuve que elegir entre leer “Antifragilidad” y “Pensar rápido, pensar despacio” de Kahneman. Parece que se llevan muy bien entre ellos por los piropos de Taleb a Kahneman en el libro. Todavía lo tengo en espera. Ahora estoy leyendo el ultimo de Capra “The System View of Life: a unifyng vision”. Para mí uno de los mejores que he leído desde hace tiempo y además muy bien explicado. Una “big picture” de todo lo que hay que saber. He aprendido muchos de los por qué y para qué que no te dicen en la universidad o que no era consciente. A ver si os lo traducen enseguida al español para que se extiendan esas ideas sobre la ciencia que repercutan en un cambio de paradigma.

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    1. De nada :)

      El libro de Kahneman es muy interesante y recomendable también. Tomo nota de tu recomendación, es muy necesario un enfoque holístico para el cambio de paradigma, que creo no llegará a tiempo. En ese sentido soy un poco pesimista, pero al menos de cara a construir un mundo mejor para próximas generaciones.

      Un saludo.

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  3. Gracias por este excelente resumen, Max

    En este texto la ética se revisa desde el punto de vista del comportamiento o del compromiso pero creo que detrás subyace el relativismo cultural como opcionalidad extrema -siguiendo la misma terminología- en todos los órdenes de la vida, una amoralidad que se ha convertido paradógicamente en la ‘virtud’ (pos)moderna. Pero si atendemos a los principios de nuestra naturaleza, en realidad esta amoralidad actúa como una imposición capaz de poner en cuestión las bases de la vida o incluso el interés por la propia vida. A partir de ahí es posible cualquier actitud autodestructiva (personal o social, con retardo o directa). La elusión de los depotismos morales del pasado puede haberse convertido en el despotismo de la elusión moral.
    Me parece que el desarrollo de esta fundamentación ética también es de vital importancia.

    Saludos

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    1. Gracias a ti por tu comentario Ecora. La transición ética es una necesidad, tan urgente como la energética o alimentaria. Los valores consumistas y de satisfacción inmediata son algo imperante en la actualidad. Los tiempos de necesidad a los que nos enfretaremos tal vez sirvan para curar esos males, y construir una nueva conciencia.

      Un saludo.

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  4. Fantástico resumen. Mi agradecimiento.

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  5. Muy buena la informacion. La lucha que emprenden ustedes autores es para admirarlos.(Si se caen levanten la cabeza primero, luego se ponen de pie) suerte!!!

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  6. Muchas gracias por este fantástico resumen (cautivador prefacio para los que aún tenemos pendiente su lectura) y me quito el sombrero por el broche con el que lo cierras : "Y una vida ética no es tal cuando se ve despojada de riesgos personales". Ciertamente. Hasta el Lazarillo de Tormes se llevó algún que otro bastonazo. En la actualidad, es posible observar como se desarrolla impasible toda una "ingeniería de la impunidad" aludiendo no solo a lo económico, sino incluso a lo supuestamente ético y moral ("ad hoc", allí donde interese, se entiende). Precisamente en relación con esto mismo, mientras leía esta segunda parte del resumen me ha sido inevitable no evocar un libro titulado "La invención de los trastornos mentales" (análisis crítico de carácter científico, aunque sin renunciar dentro de lo posible a lo divulgativo, que se engloba dentro de una gran línea de pensamiento internacional contraria a las praxis psiquiátricas, psicológicas y farmacológicas actuales), pues creo haber visto en ese título un caso particular donde las sencillas -a la par que profundas- reflexiones expuestas en el artículo se materializan de un modo impresionante.

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  7. Muy buen trabajo para refrescar los puntos salientes del libro. El mismo, es lo mejor que encontré en Internet; y quería proponer una cosa, rindiendo homenaje a lo que desarrolla Taleb: que expongamos nuestras estrategias personales (en el día a día) para intentar ser robustos o, mejor aún, antifrágiles en el trabajo, la salud (física y mental), moral y espiritualmente, etc.!

    Saludos,
    Germán.

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