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lunes, 5 de enero de 2015

Enseñanzas de Nassim Nicholas Taleb sobre la Antifragilidad (I)

Presentamos en dos partes una síntesis de la obra "Antifrágil" de Nassim Nicholas Taleb, donde se recogen gran cantidad de ideas y de sentido común, orientado a la gestación de un nuevo paradigma alejado de la fragilidad del actual, y antifrágil en la medida de lo posible:

 

Parte I

 

Introducción


En esta, la última obra del autor de los libros “¿Existe la suerte?” y “El Cisne Negro”, Nassim Nicholas Taleb nos ofrece numerosas reflexiones interesantes sobre como adaptarse y salir ileso, o incluso beneficiarse de eventos imprevisibles tipo Cisne Negro (de forma moral, y sin perjuicio a terceros). En este libro pretende “poner nombre” a estrategias que aumentan nuestra resiliencia y robustez en los tiempos de desorden que vivimos, y que casi seguro seguiremos viviendo, dada la fragilidad e inestabilidad del sistema actual, el cual, como un castillo de naipes se tambalea y amenaza con venirse abajo de forma más o menos escalonada. Nos propone estrategias y actitudes a evitar, tanto a nivel individual como colectivo, para exponernos lo menos posible a riesgos y peligros muy diversos. En este texto incluiré interpretaciones personales y fragmentos del texto de Taleb aplicables al contexto actual.


La definición de una nueva palabra, opuesta a “frágil”, pero que va más allá de la robustez o la resiliencia, características definitorias de aquello que no sale perjudicado del desorden, pero que tampoco sale beneficiado. Como ejemplo de resiliencia en la mitología tenemos al Fénix, que renace de sus cenizas, y vuelve a su estado original; mientras que la Hidra sería el ejemplo de antifragilidad, ya que al cortarle una cabeza, rebrotan dos nuevas cabezas, mejorando su estado anterior. La antifragilidad no es una opción en muchos casos, pero si en otros, donde de un determinado estrés podemos salir beneficiados si optamos por una determinada estrategia. En este libro, el autor trata de desmontar muchos mitos o creencias institucionalizadas y casi universalmente aceptadas, y hacernos reflexionar sobre ello. Veladamente, lo que Taleb nos propone en su libro es la gestación de un nuevo paradigma, que se nazca de abajo hacia arriba, es decir que comience a nivel individual, ya que no hay nada más antifrágil  y eficaz que esta dirección.

Una creencia muy arraigada, y que se emplea en la justificación de muchas técnicas, productos o actitudes potencialmente peligrosas, y que por tanto nos fragilizan es la asunción de que la ausencia de pruebas inmediatas o demostrables en un momento dado significan de facto que “algo” no es perjudicial. “La ausencia de evidencia no es evidencia de ausencia”. Esta creencia o actitud podemos observarla como respuesta ante muchas tecnologías o fármacos que se definen como inocuas, pero que con el tiempo se terminan evidenciando como dañinas y perjudiciales para la salud humana o para el medio ambiente. Es el caso de la energía nuclear (radiación), el tabaco o numerosos fármacos que tuvieron que ser retirados del mercado debido a sus efectos nocivos demostrados con el paso del tiempo. El tiempo es el mayor desenmascarador de lo fragilizador. Hemos olvidado un principio tan científico como el de prudencia, lo cual nos expone a riesgos de forma constante, que en principio serían evitables. Antes de que se demostraran los perjuicios de esto, había avales científicos o médicos que defendían los beneficios o inocuidad de los mismos (el poder del dinero, al cual se prostituyen ciertos científicos, no merecedores de esta consideración). Como ejemplos concretos recientes, destacar la negación de las causas antropogénicas del cambio climático y el deshielo de los casquetes polares; los efectos adversos del accidente en la central nuclear de Fukushima; y los más probables peligros de los organismos genéticamente modificados. Hay que exigir la carga de la prueba a quienes alteran lo natural, o a quienes proponen políticas de vía positiva, algo que en la actualidad se exige de forma opuesta, por ejemplo, para evitar frenar la aplicación de transgénicos, o reducir emisiones de gases que incrementan el efecto invernadero.

Taleb pone como ejemplo de antifragilidad la naturaleza, y nos encamina a mimetizar ciertos aspectos de los sistemas naturales de cara a aumentar nuestra capacidad de respuesta ante posibles cisnes negros. Mantiene la convicción de que en materia de gestión de riesgos, la madre naturaleza acumula un historial infinitamente más significativo que los seres humanos racionalistas, pese a que siga siendo imperfecta, siempre será mucho mejor. La redundancia en los sistemas naturales, donde una sola función es realizada por varios/múltiples agentes hace que si uno de estos falla, el vacío sea suplido por otro. El ser humano ha ignorado y omitido la redundancia en pro de la “eficiencia”, en muchos casos fragilizando nuestras estructuras sociales y económicas frente a posibles riesgos, que pasan a ser sistémicos.


El “Problema del Pavo”


Esta metáfora es muy gráfica de cara a definir una problemática muy extendida y preocupante a la hora de teorizar, predecir y planificar en nuestras sociedades. El pavo, alimentado por una determinada familia desde su adopción, no imagina que llegado el día de acción de gracias será sacrificado y formará parte del menú, en forma de plato estrella. El ave, en sus planes y estadísticas, incluye los datos de los que dispone desde que tiene uso de razón (supuesta). En sus perspectivas solo se atiene a lo que ha experimentado hasta ahora, lo cual es bastante ingenuo, ya que ha sido alimentado y tratado como si de una mascota se tratase y por lo tanto, no puede imaginar que llegará el día en que su trágico destino truncará sus planes. Taleb atribuye la mentalidad del pavo sobre todo al stablishment economicista, ciego ante problemáticas que ya llevan tiempo asomando, proponiendo soluciones que en el pasado, bajo circunstancias concretas le funcionaron, pero que actualmente simplemente no se ajustan a la realidad biofísica.




El concepto de “modernidad”, como “dominación a gran escala del entorno, el aislamiento sistemático de las irregularidades del mundo y la represión de la volatilidad y de los estresores por parte del ser humano. La modernidad equivale a extraer sistemáticamente a los seres humanos de su ecología – física, social e incluso epistemológica- cargada de aleatoriedad.  El espíritu de una era marcada por la racionalización (racionalismo ingenuo), la noción de que la sociedad es comprensible y que por ello debe de ser diseñada por el ser humano. Con ella apareció la teoría estadística, y por lo tanto la maldita curva normal, la ciencia lineal, la noción de “eficiencia” u optimización (aplicada en campos no aplicables).

La “intervención ingenua” e iatrogenia: Lo primero es no hacer daño. La ilusión de control, de que la intervención del ser humano es necesaria en todo momento, ignorando que a veces la propia naturaleza (cuerpo humano,  por ejemplo) es capaz por si sola de “curarse”. Como ejemplo, podríamos poner las intervenciones médicas innecesarias y la iatrogenia que ellas causan. La utilización de antibióticos sin medida genera el desarrollo de cepas bacterianas multi-resistentes, o “superbacterias”. No confundir con el Intervencionismo NO ingenuo, una tarea tan necesaria como olvidada en la actualidad. Cita textual muy clara al respecto:

" Para mí, lo más importante es contar con un protocolo sistemático para determinar cuando intervenir y cuando dejar a un sistema en paz. Puede que debamos intervenir para controlar la iatrogenia de la modernidad, sobre todo por el enorme perjuicio causado al entorno y por la concentración de daño potencial aun no manifestado del que no nos percatamos hasta que ya es demasiado tarde. Las ideas que propongo aquí no son políticas y se basan en la gestión de riesgos. No tengo filiación política alguna ni apoyo a ningún partido: lo único que hago es introducir en el vocabulario las nociones de daño y de fragilidad para poder formular unas políticas que nos impidan acabar con el planeta y, por ende, con nosotros mismos."


Taleb propone una triada Fragilidad-Robustez-Antifragilidad como sustitución a los métodos predictivos, para convertirse en un “no pavo”. La vida social, económica y cultural se halla en el ámbito de los cisnes negros, la vida física mucho menos, por motivos obvios. De aquí radica la importancia del ámbito, en algunos el impacto de los cisnes negros son imprevisibles e importantes, en otros no son un motivo de preocupación al ser previsibles o insignificantes.





Una visión no predictiva del mundo, que pasa por des-fragilizar lo posible, dejar que “se rompa” y quiebre lo que lo haría de forma natural, como forma de selección y robustecimiento. Estoicismo como punto de partida, y necesidad del robustecimiento emocional.

La llamada “Estrategia del Haltera” se trata de una estrategia dual o de más variables, en la que se combinan diferentes enfoques con visos de aumentar nuestra antifragilidad. Sería lo que conocemos como “no poner todos los huevos en la misma cesta”. Apostar por un lado por un valor seguro, y por otro pequeñas sumas en valores menos seguros o más volátiles, exponiéndonos a convexidades positivas y negativas, sin que ello conlleve riesgos sistémicos.

Otro concepto importante es la Opcionalidad. Las opciones son una forma de ensayo y error, que intenta reciclar lo que ya tenemos, y adaptarlo a las circunstancias. Una Opcionalidad racional consiste en dejarse diferentes caminos abiertos, de forma que podremos elegir y tomar decisiones distintas basándose en lo que vamos descubriendo y en la recepción de nueva información que pueda cambiar nuestro punto de vista. Esta estrategia nos ayuda a contrarrestar la falacia teleológica, que no es más que la ilusión de saber exactamente a donde vamos, o que otras personas controlan hacia donde se dirige la sociedad, esto lo hemos podido leer al investigador y divulgador Antonio Turiel, aunque con otro nombre, muy certero, “la ilusión del control”. Como ejemplo de esto, Taleb carga contra la “turistización” o la planificación excesiva de antemano de una visita a una ciudad, y aboga por el “flâneur racional” como alternativa, el cual modifica constantemente su ruta u objetivos a medida que adquiere nueva información.

Podemos observar también un alegato hacia la simplicidad o las soluciones sencillas, frente a la complejidad, a lo que se refiere como “menos es más”, donde explica que a veces las soluciones más sencillas son las más apropiadas y antifrágiles, pero que muchas veces las desdeñamos y apostamos impresionados por lo excesivamente complicado. Esto ya se lo hemos escuchado al científico italiano Ugo Bardi,  hablando sobre la “tecnología justa”, ni de más ni de menos, (efecto Goldilocks) como solución de equilibrio frente a los problemas de agotamiento de recursos.

Se hace referencia a un diagnóstico muy extendido que apunta a la codicia como causa, cuando en realidad sea probablemente una consecuencia de un sistema que premia este tipo de actitudes egoístas e individualistas. Por ello califica este diagnóstico como un “lecho de Procusto”, ya que este hacía que las personas se ajustaran perfectamente al tamaño de su cama cortándoles o estirándoles las extremidades. Esta explicación se corresponde con simplificaciones que no son tales. Frente a la codicia, Taleb propone la creación de un sistema a prueba de esta actitud, que no la premie y que estimule conductas más positivas para el colectivo, ya que cambiar el sistema es más sencillo que cambiar al ser humano.

Otro aspecto muy importante es la selección interesada (o la falacia de confirmación). Nos dejamos engañar por lo sofisticado. En investigación, muchas veces se da a conocer lo que confirma una determinada teoría o postura, y no lo que la desmiente o lo que no se aplica. Esto nos lleva a creer en la necesidad de métodos “hardvarizados”, conceptualizados y purificados. Esta no es más que otra razón para fiarse más de lo que refuta que de lo que confirma (posteriormente hablaremos con más detalle de la vía negativa y las previsiones). Se tiende a vender las bondades y a ocultar lo perjudicial, por ejemplo, un matemático nos hablará de las fantásticas aplicaciones en la señalización viaria, mientras que no hablará de los desastres ocasionados por aplicaciones matemáticas en economía y finanzas.

También carga contra el “aprender por aprender” frente a la curiosidad natural, o de como se nos vende (literalmente) la educación como un input que lleva a mayor riqueza y crecimiento económico, deformando el verdadero significado del conocimiento y la cultura. Hace un alegato empirista frente a lo teórico y lo teleológico que solo se sostiene en el papel. Defiende la opcionalidad frente a la narración:

“La teoría debería ser independiente de la práctica, y viceversa: la economía no es una ciencia, y por lo tanto, no debería de asesorar a la política, ni colocar a pomposos economistas en puestos de toma de decisiones

A veces, aunque una teoría económica tenga sentido, su aplicación no se puede imponer desde arriba a partir de un modelo y hace falta introducirla por ensayo y error, de manera orgánica y autónoma. Un ejemplo es el concepto de especialización que ha obsesionado a economistas desde David Ricardo, y que arrasa países enteros cuando es impuesto por los políticos, ya que hace que la economía sea propensa al error. Pese a que funciona bien cuando se aplica de forma progresiva y evolutiva, con mecanismos de amortiguación y redundancia adecuados.

La diferencia entre narración y práctica reside básicamente en la opcionalidad, la opcionalidad no percibida de las cosas. Lo “correcto” aquí suele traer un resultado o saldo final antifrágil. Y mi argumento es que la enseñanza formal no nos enseña opcionalidad sino todo lo contrario: nos hace ciegos a ella.”


Clarificar, que no defiende que los gobiernos no “gasten” en conocimiento, sino que defiende que se invierta dinero público en una forma que funcione. Gastar en experimentación no teleológica en lugar de en investigación. Para justificar esto pone ejemplos de invenciones que han venido de forma “no buscada”, como el caso de Internet, que procede de proyectos de comunicación vía gasto militar. Estimular la actitud flâneur como aproximación para el desarrollo del conocimiento para saber aprovechar las oportunidades que se presentan, y no quedarse anclado en una mentalidad burocrática. Otro ejemplo sería la medicina, la cual presenta una larga historia de “domesticación” de la suerte, y que en parte ha aceptado la aleatoriedad en su práctica y algunos de sus hallazgos más relevantes (antibióticos).

Sobre como el “desorden” puede ser positivo en según que aspectos. Nos traslada su opinión sobre como los autodidactas son los únicos “libres”, y no solo en relación con la educación, también “desconsumerizan” y “desturistifican” sus vidas. Trasladar esta actitud hacia lo ecológico y lo lúdico, para que cada individuo gane autonomía, y revierta la alienación de la modernidad. Un ejemplo de los argumentos modernistas insulsos actuales es la diferencia entre los leones que viven en libertad y los que viven en cautividad. Los leones de los zoos viven más, técnicamente son más ricos y tienen la seguridad de un trabajo garantizado de por vida, pero ¿Son esos los criterios por los que nos queremos guiar? Séneca expreso “No estudiamos para la vida sino para el aula”, que posteriormente ha sido tergiversado de forma interesada por muchas universidades “Aquí no estudiamos para el aula sino para la vida”. Concluye en la necesidad de aplicar la estrategia de la altera en la educación, para generar antifragilidad.

Se hace una reivindicación de los empíricos, médicos, inconformistas irrazonables, ingenieros, emprendedores que actúan por libre, de los artistas innovadores y de los pensadores anti-académicos que han sido maltratados por la historia. A todos aquellos que han tenido coraje para exponer sus ideas, y para aceptar vivir en un mundo que no entendías, y pese a ello, lo han disfrutado. Destacar que considera que obrar es más sabio (y más racional) de lo que tendemos a pensar. Las universidades “top” se han convertido en un artículo de lujo que solo pretenden reflejar cierto estatus social, y que empuja a los menos pudientes a endeudarse o frustrarse por otorgar esa posición social a sus descendientes, generando una transferencia de rentas, por esta extorsión velada, con la “titulitis” como necesidad para salir adelante en la vida, pese a que parece que la sociedad no avanza mucho por esta ruta educacional.

Linealidad y No Linealidad


¿Por qué la fragilidad no es lineal? Hay muchísimos más eventos ordinarios que extremos. Por ejemplo, en la Tierra cada día se producen miles de terremotos a pequeña escala, que son totalmente inofensivos (unos 3 millones al año, inferiores a 2 en la escala Richter). Sin embargo, cuando se producen terremotos superiores a 6 en la escala de Richter, los efectos empiezan a ser evidentes, y la información se da en las noticias. Así pues, por suerte somos inmunes al efecto acumulativo de pequeñas desviaciones, crisis o impactos de magnitud pequeña, por lo que estas nos afectan de manera desproporcionadamente menor, o lo que es lo mismo, de una manera no linealmente menor, que los grandes sucesos. Citando:

“Para lo frágil, el efecto acumulativo de muchos pequeños impactos es más pequeño que el efecto de un solo impacto grande equivalente”

Si invertimos el argumento para considerar lo antifrágil, que también se basa en respuestas no lineales:

“Los impactos –las crisis- son más beneficiosos (o menos perniciosos) para lo antifrágil cuanto mayor es su intensidad (hasta cierto punto).”

Existen dos clases de no linealidad: la cóncava (se curva hacia dentro) y la convexa (se curva hacia fuera), También la hay mixta, con partes cóncavas y convexas. Para simplificar, podemos hablar de efectos de convexidad, positiva o negativa. Si para una variación dada tenemos más beneficios que prejuicios y trazamos la curva, será convexa; en caso contrario será cóncava.




¿Por qué los sucesos de Cisne Negro perjudican a lo cóncavo?

Cuanto más cóncava es una exposición, más daño recibirá de lo inesperado, y de forma más desproporcionada. Por tanto, las grandes desviaciones tienen efectos que aumentan de forma más y más significativa.




Por tanto, para cisnes negros, a mayor efecto, más desproporcionada es la respuesta negativa; y para cisnes negros positivos, a mayor efecto, mayor beneficio. Por tanto, es recomendable exponerse a efectos de convexidad positiva (poco que perder, mucho que ganar) y desaconsejable exponerse a efectos de convexidad negativa (poco que ganar y mucho que perder).


El Mito de la Eficiencia


Otro mito desmontado en esta obra de Taleb es el de la “eficiencia”. Podemos observar que la fragilidad crece a nuestro alrededor sin ningún disimulo, los costes de las catástrofes globales son a día de hoy más de tres veces mayores que en los 80’. Según señala Daniel Zajdenweber, estudioso de los sucesos extremos, el que la economía sea cada vez “más eficiente”, es a costa del aumento de la fragilidad, lo que hace que el coste de los errores es mucho más elevado. Los análisis ingenuos de costes y beneficios pueden ocasionar perjuicios que se agravan con el tamaño. Un ejemplo de ello es la energía nuclear, y sus costes derivados, cada vez mayores tras la catástrofe de Fukushima.

Propone una política ecológica sencilla, para reducir y revertir daños. El uso de combustibles fósiles es perjudicial de una forma no lineal. El prejuicio es necesariamente cóncavo, en poca cantidad el mismo ecosistema es capaz de absorber daños y depurarse, en grandes cantidades provoca cambio climático, de efecto no predecible. Propone la diversificación máxima de fuentes de energía para evitar los efectos de concentración. Además, carga contra los hábitos hiper-consumistas contemporáneos, el contagio cultural y la retroalimentación del sistema de producción. Nos remite a estudiar el comportamiento de humanos primitivos, cazadores-recolectores como los aleutas, que se perpetuaron en Norteamérica durante cerca de 5 milenios, sin hábitos rígidos como los actuales. Estos pueblos variaban su dieta cuando un determinado recurso escaseaba, para mantener el ecosistema, y dejar que se restableciese el equilibrio.


La globalización ha creado efectos de contagio en todo el planeta, como si el mundo fuese un recinto gigantesco con pocas salidas, y muy angostas, y toda la gente huyera despavorida hacia estas, con daños cada vez más graves. A mayor riqueza, mayores complicaciones, que hacen que necesitemos más esfuerzo para mitigarlas.

7 comentarios:

  1. Acojonante el articulo

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  2. Gracias por el excelente resumen de lo que nos dice el profesor Taleb.

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  3. Muy interesante el artículo. Sobre el último punto, "eficiencia", me ha hecho reflexionar lo siguiente: "el que la economía sea cada vez “más eficiente”, es a costa del aumento de la fragilidad, lo que hace que el coste de los errores es mucho más elevado.". Creo que este no es un tema que se trate abiertamente en ningún aula "convencional". Y pienso que no hay que hacer grandes esfuerzos intelectuales para vincular este hecho con la externalización de los costes "colaterales" (materiales y no materiales) hacia un futuro rara vez determinado por parte de las instituciones y empresas causantes de los mismos, donde el llamado progreso demasiadas veces se observa como una simple huida "hacia adelante" bajo el paraguas protector de la cosmovisión de turno. Pero, ¿de qué hay que huir?, deberíamos preguntarnos.

    También me gustaría hacer referencia a la comparación de nuestro sistema económico actual con el de los aleutas citados, donde mi enfoque difiere del expuesto pero converge en lo esencial. Se ha hecho hincapié en comparar una sociedad que supo ser auto-sostenible en el largo plazo gracias a la utilización responsable de recursos renovables con otra sociedad rígida y que ha condicionado su sostenibilidad al depender de recursos no renovables.

    En mi opinión, la rigidez de nuestro "sistema actual" no es fruto del deseo manifiesto de ningún agente, salvo los que se lucran de ello (que modo indirecto acabamos siendo todos) sino más bien un efecto propio de todo sistema complejo. Propongo como analogía un caso a menor escala de este mismo hecho (pido disculpas si resulta de perogrullo): Esto mismo se manifiesta al comparar la gran flexibilidad organizativa de una pequeña industria ("velocidad de adaptación al medio", que en este caso se trata de ajustarse a la oferta y la demanda) frente a la lenta capacidad de respuesta de una empresa muy grande debido a su gran complejidad organizativa (precisamente a ello se debe el auge de la cibernética). Esta gran inercia de respuesta adaptativa no es intrínseca a la gran industria si no a todo gran sistema, aunque me refiero a ella por ser el principal motor económico que altera el medio ambiente. En cuanto a nuestra sostenibilidad, si bien nuestros principales recursos actuales son no renovables y tienen un impacto medioambiental desmedido (efectivamente, no tiene medida), no menos real es nuestra potencial capacidad de reconversión técnológica a situaciones muy adversas (aunque habrá que ver con que contrapartida).

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  4. Para mi, dicho desde una ingenuidad que no trato de ocultar, la principal diferencia entre nuestra sociedad y otra primitivas (como los aleutas que se citan) no es ni una más desvirtuada cosmovisión, ni una menor capacidad de previsión, ni un menor amor y respeto al medio natural, ni tan siquiera el uso de recursos no renovables... Sino que está en los indicadores o estímulos que cada sociedad tiene para adaptarse a su medio. Una pequeña sociedad primitiva agota los recursos de una zona y cambia de emplazamiento (o de tipo de recursos) y su estimulo es la simple necesidad de alimentarse, de cubrir sus necesidades de modo directo. Pero el estimulo de los motores económicos (a los que todos estamos sujetos, o sometidos) se ha ido transformando hasta abstraerse en dinero, siendo el lucro cuantificable en moneda "institucional" uno de los principales parámetros para determinar la viabilidad o no de cualquier proyecto o decisión económica de adaptación al medio (el primero en el caso de entidades privadas). Lejos estoy de no reconocer las bondades del empleo del dinero o de las grandes instituciones que rigen nuestras vidas, pero pocas veces se citan los efectos menos agradables de ambas, particularmente la gran inercia a la respuesta de las grandes instituciones y la enorme desconexión entre los diferentes agentes que la componen o que están bajo su amparo (una alienación creciente), así como la interdependencia entre diferentes agentes económicos que, a pesar de su nula vinculación e intereses en no pocos casos totalmente contrapuestos, siguen aferrándose a una misma moneda institucionalizada, no ya como principal, si no como único mecanismo para cubrir sus necesidades humanas (a veces con resultados que no deberían sorprender). No trato de dar respuestas que no tengo a problemas que tal vez otros no tengan. Pero creo que lo que nos ha ido diferenciando de las sociedades primitivas en nuestra capacidad de supervivencia, de adaptación al medio, no es el hecho de que nuestros recursos actuales sean renovables o no, como lo es el hecho de que cada individuo haya acabado cada vez más desvinculado de los medios naturales que le abastecen y de las sociedades que le acogen, algo que por otro lado veo difícilmente corregible mientras nuestras sociedades e instituciones sigan creciendo en complejidad... Así pues, ¿de qué huye la sociedad en su carrera hacia el progreso?: Por lo pronto, de su propia esencia. Y pienso que en cierto grado es imprescindible recuperarla. A nivel individual, resulta difícil dar respuesta incluso a las decisiones más elementales cuando no se sabe claramente que es lo que se desea. A nivel social, creo que estas deberían construirse de abajo a arriba, como los edificios.

    Un saludo y disculpad el rollo...

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  5. Este tema de la antifragilidad es maravilloso y muy interesante; como terapeutas de pareja de orientación sistémica lo empleamos mucho en la clínica al momento de atender las necesidades de las parejas que acuden con nosotros, para poder hacer de su relación algo que se levante y adapte a los cambios de su borde interior y de su borde exterior.

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