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lunes, 19 de mayo de 2014

El eterno rescate a la banca española


Publicaba hace unos días El País que una serie de avales concedidos por el estado a Catalunya Banc, serían, según previsiones del propio banco, ejecutados en un futuro, y por tanto sería el contribuyente español, a través de sus impuestos, quien compensaría las pérdidas ocasionadas por el deterioro del valor de estos activos.

¿Será ésta, por fin, la última ocasión en que saldremos con nuestro bolsillo al rescate de nuestra insolvente banca? Podríamos estar tentados a afirmar que no lo sabemos, que seguimos avalando activos por valor de cientos de miles de millones, y que continúa en activo un banco malo, que de tener pérdidas, tendrán que ser sufragadas de nuestro bolsillo. Sin embargo, ésta respuesta inocente es falsa, la respuesta correcta es que sabemos que no, que pagaremos más, porque el rescate lo pagamos día a día, todos los días, o al menos con cada emisión de deuda pública.

Imagine que tiene usted un hijo díscolo y algo derrochador, abrumado por las deudas y en situación desesperada, a punto de ser embargado ¿Qué hacer? Su hijo le promete que va a cambiar, que ha aprendido la lección, el problema, además, se puede resolver “sin coste”, mediante un aval, que le permitirá a su hijo refinanciar la deuda a más largo plazo y a menor tipo de interés. En esas circunstancias, muchos de nosotros terminaríamos avalando a nuestro hijo.

Pero imagine ahora que usted tampoco goza de una solvencia intachable, está endeudado y suele acudir a refinanciaciones. Afronta ahora precisamente el vencimiento de una deuda y no dispone de efectivo, aunque no supone mayor problema, dispone de un patrimonio muy importante y varias fuentes de ingresos regulares, así que no habrá problema para refinanciar. Pero cuando acude al banco, este verifica rutinariamente su riesgo crediticio, ve el aval que ha dado a su hijo y decide que su riesgo ha crecido. El banco todavía está dispuesto a prestarle, pero en compensación por ese mayor riesgo, exige mayor beneficio, y le sube dos puntos el tipo de interés.

Éste ha sido en realidad el caso de España, que llegó a tener avalados más de 200.000 millones de activos de la banca, además de ser responsable del pago, en caso de incumplimiento, de los créditos del Banco Central Europeo a las entidades de nuestro país. Todo ello ha supuesto el pago de incontables intereses de deuda pública que nadie ha contabilizado, y que no están dispuestos a contabilizar. Por ello, valoran que el contribuyente sólo ha tenido que poner, de momento, 36.000 millones de euros, cantidad muy importante, pero que posiblemente es menos de la mitad del importe real.

¿Y por qué hemos rescatado, de forma tan costosa, a nuestros bancos? ¿Para salvar a los depositantes, los ahorros de los españoles? Si así fuese, el gobierno de los Estados Unidos de América no habrían forzado al gobierno español a solucionar la crisis de Bankia. Los bancos y cajas españoles habían acudido al mercado internacional de capitales, y ahora los irresponsables prestamistas exigían su libra de carne ¿Qué hay que reducir el salario a los funcionarios, paralizar la inversión pública? “No me cuentes penas, una deuda es una deuda, si somos capaces de deforestar la Amazonia para cobrarla, no nos va a detener el salario de un profesor de Cuenca”.

Pero hay una razón todavía más turbadora que nos obliga a rescatar a nuestra banca, a pesar del inmenso coste económico y social. Para pagar deudas necesitamos dinero, y precisamente el papel central en nuestro sistema monetario lo ocupa la banca comercial, ya que de hecho crean depósitos, es decir, dinero, al realizar préstamos. La consecuencia de ello es evidente, un mal funcionamiento del sistema financiero frenaría la creación de dinero y particulares y empresas serían incapaces de encontrar el suficiente para pagar sus deudas, cayendo en bancarrota. Por esta razón los bancos son tan poderosos, por ello se los ha ayudado en todos los países, casi sin excepción.

Otra consecuencia de este sistema monetario es que necesitaría un crecimiento constante de la economía para ser estable. Las deudas siguen las leyes matemáticas del interés simple y compuesto, mientras que la riqueza real se degrada y se destruye con el uso.

¿Hay solución? Sí, no necesitamos a los bancos para tener dinero, hace más de noventa años Frederick Soddy, un científico, premio Nobel de Química, desarrolló de forma teórica un sistema monetario alternativo, que posteriormente fue refinado por diversos economistas, como Irving Fisher, y apoyado por otros como el también premio Nobel Maurice Allais. Este sistema podría ser utilizado para la moneda nacional, utilizada en pagos internacionales y para las relaciones económicas impersonales, mientras que para las relaciones basadas en la confianza, de cercanía, se podrían usar monedas complementarias, de índole local.

¿Podrán los españoles ser dueños de su destino o continuaremos bajo la tiranía de los banqueros? De nosotros depende, en marzo de este mismo año, pueblos cultos y democráticos como los islandeses han comenzado a caminar en esa dirección, tal y como nos cuenta en este vídeo el divulgador del problema monetario Bill Still.


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