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lunes, 9 de octubre de 2017

Recuperar nuestro país

Cuando el voto no sirve absolutamente para nada, o se vive en el exilio interior, o se vota con los pies, marchándose a otro lugar. Los catalanes están intentando hacer esto último de forma colectiva.


Mientras escribo esto, el 5 de octubre de 2017, en Madrid, a mí alrededor veo florecer un frenesí identitario bastante bobo. En el sector de al lado, a dos metros de la puerta de acceso a mi puesto de trabajo, alguien ha colocado una enorme bandera española, que lógicamente he solicitado al responsable del edificio que sea retirada, al considerar que simboliza un apoyo a las actuaciones del gobierno que en este lugar no es ni mucho menos unánime. En un trabajo donde se debe forzosamente colaborar no es cuestión de hacer alarde de símbolos que puedan llevar a confrontación (me ha contestado que elevará hacia arriba la solicitud, dado que excede de sus competencias, y que el grupo empresarial debería tener una postura sobre esta cuestión para todas sus oficinas).

Me llama poderosamente la atención esta inflación emocional que contrasta de forma muy llamativa con el escaso sentido crítico hacia el sistema político español, definido en la Constitución del 78 y algunas otras normas fundamentales. Hace poco menos de cuarenta años unos cuantos franquistas se reunieron en secreto a redactar una constitución, que luego se ofreció al pueblo como única alternativa a una dictadura. Trascurridas esas cuatro décadas nos encontramos con la corrupción desbordando por todos los rincones del país, con un enorme agujero financiero en el sistema de cajas de ahorro quebradas y con el país al borde del conflicto civil o la secesión por haber sido imposible plantear un referéndum en Cataluña dentro del marco de esa constitución. Referéndum que, hace unos meses, se habría ganado fácilmente.

Así pues, esto supone un gran misterio, como hay personas que siguen apoyando (revistiéndolo con símbolos “neutrales” como la bandera del régimen)  un gobierno que por no perder sus privilegios está jugando con el pan y la salud de todos nosotros, llevándonos por un camino en el que pueden ocurrir cosas gravísimas para nuestra economía y la integridad de las personas.

La respuesta es múltiple y sólo puedo aventurar algunas hipótesis, añadid la vuestra. En primer lugar, la capacidad de unos partidos políticos que lo controlan todo para establecer el marco del debate, desvinculando por completo la convivencia pacífica de las normas que deben regularla, o la quiebra de las cajas de las atribuciones concedidas a los políticos, o la corrupción con el hecho de que el sistema preselecciona sólo políticos corruptos y mediocres, que luego ofrece a la ciudadanía para que ellos vivan la fantasía de una libre elección entre el corrupto A y el corrupto B.



Los partidos crean el marco del debate, y eligen el que a ellos les conviene, la sociedad civil no tiene capacidad, ni madurez (y ambas cosas se retroalimentan) para introducir otro marco. Así se atribuye la corrupción a causas culturales (los españoles somos así), aunque en la ingeniería, negocios, deportes, arte, y tantas y tantas cosas seamos ejemplares, cultos, preparados y trabajadores.

Esta primera causa es sin duda autóctona, pero crece sobre un terreno abonado por la sociedad global en la que vivimos. Vivimos en sociedades con un déficit político crónico, y no sólo político, democrático. Cómo dice mi amigo Carles Sirera el Reino de España se fundó sobre la excepcionalidad moral, y en este país aquellos que buscan reparación y justicia para las víctimas (del franquismo) están movidos por el odio. En realidad el caso español se trata de la millonésima vez que se repite este argumento en nuestro mundo liderado por la ideología ilustrada (y sus ramas liberal y marxista). En nuestra sociedad el despotismo ilustrado y sus variantes dulcificadas tienen mucha aceptación. Esto ya lo mostró Voltaire en el siglo XVIII, cuando dijo sobre el autócrata y belicista Pedro el Grande:

Admito que era un bárbaro; pero con todo, era un bárbaro que había hecho el bien a los hombres; fundó ciudades, construyó canales.

En definitiva se trata de que los trenes lleguen a su hora. Y en España los trenes llegaban a su hora, y llegaba el iPhone, y los coches de alta gama, aunque el sueño de la prosperidad fuese más bien la pesadilla de una burbuja inmobiliaria que todavía no ha terminado de caer sobre nosotros. A veces la ética, la moral, el juego limpio, importan más que la riqueza fácil, porque son más sólidos.

Por último, señalaré una tercera razón, la globalización, el auge del neoliberalismo. Lo expresó así el gran Pierre Bordieu

En nombre de este programa científico de conocimiento, convertido en programa político de acción, se cumple un inmenso trabajo político (denegado, porque en apariencia es puramente negativo), que busca crear las condiciones de realización y de funcionamiento de la “teoría”: un programa de destrucción sistemática de los colectivos.

Cuando existían colectivos, sindicatos, asociaciones de vecinos y movimientos de todo tipo, la política era algo más cotidiano. Hoy eso ya no existe, comenzó a desmontarse en los años ochenta, y la política es cuestión de elegir, como consumidores que somos, y las opciones a elegir son el mediocre corrupto A o el mediocre corrupto B, y con la ceremonia de esa elección queda salvaguardada la narrativa de una democracia.

Los liberales son muy agudos en ocasiones, y no es la primera vez que cito a Milton Friedman, aunque esta vez esté en desacuerdo con él:

Si alguna vez quieren saber cómo votan las personas el signo más seguro es cómo votan con los pies

Yo diría que el signo de que una democracia no es funcional y que por lo tanto el voto no vale para nada es cuando la gente vota con los pies, y en este país mucha gente ha votado con los pies en los últimos años, y ahora los catalanes quieren votar al unísono con los pies.

Claro que su postura es egoísta, como la de todos los nacionalistas, incluidos los españoles, pero ello no debería implicar que no estén a gusto dentro del estado español. Se puede ser egoísta y permanecer en una comunidad de vecinos ¿verdad?

El problema del nacionalismo es un problema estrictamente moderno, nace con la modernidad como consecuencia de la revolución industrial y de unificar el mercado creando una “economía nacional”, así nos lo cuenta el historiador Eric Hobsbawm en Naciones y nacionalismo desde 1780 (aquí podéis leerlo íntegro) o Karl Polanyi en el capítulo V de La gran transformación (aquí podéis leer el libro íntegro) titulado La evolución del patrón de mercado.

En aquella época (recordemos que anteriormente los Estados no eran más que los territorios regidos por un monarca) fue necesario un proceso de homogeneización, para crear un mercado único nacional. Ello implicó crear una lengua oficial, y unificar leyes, que anteriormente eran muy locales (por ejemplo todo lo relativo al trabajo estaba regido por gremios). Todo ello fue una ruptura, y lo que antes estuvo regido por la tradición o la religión, hubo que “modernizarlo” y hacer que estuviese regido por la razón.

Lo que estaba en juego, de manera muy especial, era que la población se identificase con su gobierno y pudiese ser movilizada por este. Las razones que en la práctica funcionaron para fundar una nación fueron, según Hobsbawm, en un primer momento, la asociación histórica con un estado, la existencia de una antigua élite cultural y la probada capacidad de conquista. Algunas décadas después todo esto se definió de forma un poco más precisa como compartir la lengua nacional, la etnicidad, la religión y la “conciencia de pertenecer o haber pertenecido a una entidad política duradera” (nación histórica).

La nación funcionó como concepto no porque lo dijera el denostado Fitche, que no fue más que un simple registrador de lo que estaba pasando. Funcionó porque cubre una necesidad humana, la pertenencia, el grupo, la comunidad. Crear un mercado nacional implicó la creación de numerosas instituciones públicas, y el estado comenzó a funcionar como centro de redistribución de riqueza. Ello implica que cuanto más fuerte es el estado más seguridad para el individuo, por tanto la identificación con él cubría también necesidades de seguridad. Esto es así para las clases populares, las élites, curiosamente desde los ideales de la izquierda, siempre han sido apátridas porque no han necesitado la protección de la comunidad.

Posteriormente, concretamente en el periodo 1870-1914, se descubre (o se inventa) la tradición popular. Remarquemos este hecho, todas las tradiciones populares, de todas las naciones, no solo la catalana, se inventan o se “descubren” (es decir, se dignifican, se popularizan) en este periodo.

El libro concluye señalando que en la actualidad, cuando la economía internacional tiende a la integración, el motivo de la nación pierde fuerza como motor de la historia, aunque ello, paradójicamente, alienta la secesión y el florecimiento de movimientos separatistas, cuyo fundamento y justificación dependen ahora mucho más de causas internacionales (aceptación, apoyo, etc.) que de causas estrictamente internas.

Como podéis comprobar, en el caso catalán confluyen una serie de factores que de forma objetiva hay que reconocer, como es que Cataluña cumple los criterios que los usos del siglo XVIII y XIX establecieron para definir una nación (no así el País Vasco, que carece de tradición literaria propia y no ha pertenecido a una entidad política duradera), y que la integración económica internacional favorece la fragmentación de los estados. Sobre este punto escribí en su día con profusión, basta con señalar ahora que hace innecesario un gran mercado propio, y por tanto diluye uno de los fundamentos más sólidos del estado-nación.

Estamos pues ante un problema serio. Una ideología que nos habla de meritocracia, y que identifica dinero con virtud, un territorio que cumple los criterios usuales para ser definido como nación, que es más rico que el resto y que puede tener la tentación de quedarse mayor parte de esa riqueza, y una economía integrada globalmente que hace superfluos los esfuerzos por crear una economía nacional.

Según está lógica Cataluña debería ser ya independiente, pero no, los sistemas dependen de la trayectoria, y las sociedades son sistemas complejos, la historia ha colocado a Cataluña junto a España y ahora es difícil cortar ese lazo. Pero basta un shock exógeno, en este caso la crisis financiera internacional de 2008, para que los débiles fundamentos de nuestra convivencia se vean agitados, y las clases populares quieran refugiarse bajo un paraguas de la comunidad más amplio y bien asentado. Menos recortes y más seguridad.

Parece imposible solucionar este problema si no es a través de un autoritarismo que es contrario a la narrativa de democracia y derechos individuales tan propia de nuestra era, sin embargo no es así. No somos seres egoístas racionales que miramos por nuestro propio interés de forma exclusiva. Nos importan los valores, tenemos sentimientos, el contacto con otros seres humanos nos conmueve, nos gusta ser entendidos, reconocidos, y somos reacios al cambio. Por todo ello, y por mi conocimiento personal de Cataluña, tengo el convencimiento que una amplia mayoría de catalanes decidiría mantener la unidad del Estado bajo un marco coherente de convivencia.

La corresponsabilidad fiscal parece un buen principio, tener autonomía por el lado de los ingresos, poder recaudar más si lo necesitas, o reducir la carga sobre tus ciudadanos, sin depender del estado central ni poder culparle. No es nada revolucionario, think tanks conservadores como FEDEA han tratado la cuestión abiertamente, por ejemplo en este artículo. Claro que aun teniendo corresponsabilidad y autonomía por el lado de los ingresos seguirían existiendo transferencias de unas Comunidades Autónomas a otras. Fomentar la transparencia en el origen y destino de estos fondos parece también un buen principio. También es necesario explicar a la ciudadanía que sin ajuste de tipos de cambio, es decir, cuando en el territorio se usa una solo moneda, son necesarias transferencias fiscales entre regiones para evitar crisis como la del euro.

El dinero no lo es todo, por supuesto, el resto de España debe acercarse a Cataluña también a nivel cultural, y para ello debe rechazar cualquier tipo de nostalgia hacia el franquismo.

Debe modificarse la constitución para cambiar el sistema político, y permitir que en la medida de lo posible la ciudadanía pueda apartar a los corruptos y mediocres de los cargos de responsabilidad. La nueva norma debe dar mayor poder a los ciudadanos y restarlo a los partidos, evitando que se reproduzca de nuevo el férreo control que ejercen sobre todos los aspectos públicos, incluyendo los jueces, medios de comunicación, universidades, reguladores, etc.


Esto a día de hoy parece imposible. A los que no respaldamos la actuación criminal de este gobierno se nos trata de amedrentar y silenciar. Se revisten con la bandera y te llaman antiespañol. La coacción ejercida por tus propios vecinos es asfixiante y desmoralizadora. Los partidos han carcomido esta sociedad, introduciendo su podredumbre y su mezquindad hasta el tuétano. Han borrado todo rastro de decencia, de civismo, de principios morales y de virtud. Me han convertido en un extranjero en mi propio país. La España democrática y cívica que yo siento en mi corazón no existe, es un país de fantasía. Sé que no votaré con los pies, seguiré resistiendo y ante la barbarie haré lo único que puedo hacer, oponerme pacíficamente. Seguramente veré marchar a los míos mientras el territorio se empobrece y la población se envilece. Lo siento pero no puedo transmitir esperanza.

lunes, 2 de octubre de 2017

De la nación a la emancipación

Dejaré al margen en esta reflexión el debate entre legalidad y legitimidad a la hora de abordar el derecho a decidir la independencia de un territorio, (que en buena lógica tendría que ser aplicable igualmente a territorios más pequeños). Parto de la base de que la carencia de legitimidad de las leyes acaba creando tensiones o rupturas de uno u otro tipo con el orden establecido, (como enseñaba, por ejemplo, Castoriadis). Y la legitimidad no es precisamente el punto fuerte de una constitución que se nos ofreció cocinada desde las élites como única alternativa a la continuación de la dictadura, y que además no ha sido refrendada por la población actual. Por otra parte si la lógica explotadora que marca nuestro tiempo destruye nuestro medio ambiente y conduce a la deshumanización, el camino opuesto pasa por una verdadera democracia, pues esta introduce el criterio humano por encima del productivismo, de la burocracia (pública o privada), de la plutocracia y de la tecnocracia. Una mayor capacidad política de las personas humanizaría la sociedad, y esto permitiría el ejercicio del sentido de la responsabilidad en lugar de enquistarse en una única decisión magnificada precisamente por ser negada, convertida en un conflicto cargado de emociones y en una cuestión de amor propio.

Defensa de la bandera durante la histórica batalla de Chocim

Sin embargo el empuje de la sociedad civil nacionalista en países hiper-desarrollados, que ha decidido ser connivente con sus élites locales en esta aspiración, contrasta con la falta de empuje emancipador. Resulta paradójico que no se reivindique una mayor independencia respecto al sistema productivo que nos oprime a diario como principal aspiración una vez que se tiene suficiencia económica mientras se magnifica el problema de la dependencia territorial. Creo que ambas cosas tienen un origen cultural -pues no es la necesidad lo que está en esta forma de motivación- anclado en la modernidad. Dos tercios de los ciudadanos de estos países viven -vivimos- en cierto modo como niños mimados gracias a la explotación ambiental y esclavista de tierras lejanas. La competencia abusiva entre territorios es una seña de identidad de nuestro tiempo y está en su ADN, ya diseminado como una planta transgénica por todo el mundo, (y por supuesto, no sólo entre los separatistas). Todos utilizamos ese marco para analizar los problemas globales y cómo nos afectan localmente, y utilizamos ese mismo marco para intentar resolverlos. Esto no es una auto-acusación sino un problema también para nosotros; un problema que impregna a la sociedad de una lógica economicista y explotadora que nos angustia.

Para entenderlo hay que analizar la marca psicológica que supone crecer como niño mimado o privilegiado por su origen (aun aceptando que no es más que un estereotipo que no se cumple tal cual en cada persona). Esta condición social no implica sólo una ventaja sino también una debilidad de carácter que hace a las personas dependientes y temerosas de perder esa prebenda de origen que ha facilitado su vida, o bien las lleva a la ansiedad por no poder lucir mejor en el ranking de los privilegios que ha marcado su psique. Así se entiende que incluso en las sociedades opulentas tenga tanto peso el argumento de la discriminación económica, también entre territorios, dando alas al nacionalismo (y cadenas para su negación al centralismo): en algunos casos la independencia podría optimizar mejor el desempeño patrio en una globalización económica que favorece a las zonas y a las personas más ricas gracias a la fragmentación política.


Por supuesto, el peso de la cultura local -a menudo menos "diferente" de lo que se quiere hacer ver- juega un papel en el reclamo nacionalista: es el uso utilitario de la misma por parte de las élites para lograr la seducción de masas que todo movimiento social necesita y del que estas élites serán las principales beneficiarias. Lo que ofrece el nacionalismo desde sus orígenes burgueses es un paliativo acomodaticio para el sentimiento de desarraigo propio del individualismo materialista promovido por esa misma burguesía desde los albores de la modernidad. No es que esa cultura local no exista ni merezca la pena ser preservada. Todo lo contrario. Pero como decían en este comunicado de la CNT de Vilanova i la Geltrú (que data de 1983), "[el patrimonio cultural] pertenece a la sociedad civil, y el nacionalismo es una creación del poder político separado de la sociedad civil." 

Por otro lado el nacionalismo aísla quirúrjicamente las diferencias culturales para sublimarlas en forma de esencia idealizada invirtiendo así el sentido de nuestra naturaleza cultural. Como también se dice en el texto anterior: "Si la cultura no es otra cosa que la superación de los procesos naturales que forman el proceso vital del hombre, es, en su esencia interna, en todas partes la misma a pesar del número siempre creciente y de la diversidad infinita de sus formas especiales de expresión. No hay culturas cerradas que entrañen las leyes de su propio origen. Lo común que sirve de base a toda cultura es infinitamente más grande que la diversidad de sus formas exteriores."

Y es que, al igual que ocurre en la relación entre economía y ecosistemas, la cultura no se da en el vacío, y de hecho, para lograr una menor insostenibilidad y cierta emancipación necesitamos, entre otras cosas, un cambio cultural simultáneo en casi todos los lugares del planeta de acuerdo a nuevos parámetros; una nueva hegemonía que no alcance sólo a las formas de consumo y a los hábitos de vida sino también a las apuestas políticas. Esta racionalidad ecológica no estaría reñida con la diversidad, como si ocurre con el absolutismo de la racionalidad económica liberal, que desde la idealización del estado-nación implanta en cada patria los mismos hábitos comerciales que igualan el mundo más allá de los días de folclore. Por contra, una valoración más realista de nuestra ecodependencia y de nuestra interdependencia fomentaría la diversidad en convivencia al revalorizar el localismo y al reconocer los límites de la razón. A pesar de todo lo que creemos saber, nuestra ignorancia es de proporciones "trascendentes" y haríamos bien en hacer prevalecer el principio de precaución junto al respeto a las diversas creencias sobre lo que no podemos conocer.

 
En principio la reivindicación nacionalista es la demanda de un cambio que por sí mismo no cambia nada dentro del colectivo que se independiza, pudiendo seguir tan alienado, insostenible y desigual como antes. Pero, volviendo al argumento iniciado más arriba, la globalización económica favorece a las regiones que, siendo ricas, se mantienen al margen de compromisos políticos con el resto del mundo mientras compiten sin restricciones en un mercado global que no cuestionan. Un síntoma de esto es que resulte más fácil hablar de independentismo o de patriotismo de cualquier bandera que hablar de aranceles o de relocalización económica o de impuestos pigouvianos sobre el transporte, sobre la destrucción ambiental lejana o sobre el esclavismo (sin muros que detengan su aprovechamiento). Interiorizado el marco de la competencia como patrón para la actividad humana, la posible ventaja sobre los demás acaba prevaleciendo sobre otras reivindicaciones.

El nacionalismo logra así dividir (o engañar) a la población como ya ocurriera en la Primera Guerra Mundial, cuando la Segunda Internacional quedó relegada en favor del patriotismo popular. Seguimos sin novedad en el frente por mucho que cambien los vencedores. Pero la universalización de una lógica patriótica, crecentista y competitiva está generando también problemas uniformes que sólo tendrán solución desde acuerdos políticos transnacionales para apostar por una relocalización económica cooperativa.

Los planteamientos de la izquierda decimonónica no pueden enganchar ya a la mayoría de la población de las regiones más insostenibles del planeta, bien nutrida y ahíta de distracciones a demanda. No es un problema de suficiencia económica. Y estos partidos acaban entrando con matices en el juego del neoliberalismo imperante, relegando el internacionalismo, o bien obtienen sólo el voto de la minoría excluida. Sin embargo eso no quiere decir que no exista un problema de explotación incluso entre los empleados mejor pagados. No es raro escuchar entre estas personas que cambiarían con gusto parte de su salario por más tiempo libre y sosiego, y sin duda esta sería una reivindicación más potente si tuviera un engarce político explícito y desarrollado, (como podría ser el fomento y la protección de las excedencias y las reducciones de jornada voluntarias entre otras medidas). Pero esto exige plantarse frente a la globalización económica que impone la máxima competitividad a cada estado-nación, (grande o pequeño).

Si a esto unimos el problema de la insostenibilidad de este modelo y la represión económica ejercida sobre ese otro tercio de la población que subsiste precariamente o en la exclusión social, (a su vez infundiendo ansiedad economicista o posicional al resto), podremos ver que tenemos nuevos motivos y que necesitamos nuevas herramientas para reivindicar una cambio transnacional a favor de la vida, a favor de la emancipación humana como parte de ella, a favor de la autonomía y de un bienvivir auténticos.

Si bien la lógica de las economías de escala ha elevado el productivismo a su máxima expresión, deberían ser ya evidentes los "efectos secundarios" suicidas, la desigualdad y la dominación que impone esta lógica. Por ello el nuevo paradigma a extender por el mundo tendría que incluir un cuestionamiento de la escala tanto en el ámbito corporativo como en la concentración del poder político o en la posibilidad de acumular patrimonio (que también implica poder político). Pero decidir con autonomía desde abajo y en ámbitos locales, (a escala humana), no tiene por qué llevar a la desconexión, a la irresponsabilidad sobre problemas comunes o a la ausencia de compromisos transnacionales vinculantes. La cuestión es, volviendo al inicio, cuál es la legitimidad de esos compromisos (que ahora nos imponen desde las élites corporativas), y no tanto el grado de independencia entre territorios. De hecho, como hemos visto, la independencia política puede ser perfectamente connivente con la explotación internacional. La soberanía plena es al planeta lo que la propiedad privada a la vida en sociedad. Es necesario enmarcarla legalmente en unos límites de uso que preserven el interés público y la inclusión, (desde el color de la fachada o el humo del tabaco hasta los impuestos), y la cuestión es extender esa lógica a la responsabilidad colectiva de cada pueblo.

Podemos encontrar inspiración para este cambio de paradigma en la reflexión llevada a cabo por una parte de los kurdos que han evolucionado en su posicionamiento teórico desde el nacionalismo al confederalismo democrático. Extraigo unos párrafos del siguiente artículo que lo explica:

"Varios años antes, tras el colapso de la Unión Soviética en 1991, el PKK había comenzado a reflexionar de manera crítica sobre el concepto de Estado-nación. Ninguno de los territorios tradicionales de los kurdos era exclusivamente kurdo. Por tanto un estado fundado y controlado por los kurdos automáticamente acogería grandes grupos minoritarios, creando el potencial para la represión de las minorías étnicas y religiosas del mismo modo que los propios kurdos fueron reprimidos durante muchos años. Como tal, un estado kurdo tendería a ser visto como una continuación del problema existente en la región más que como una solución al mismo.
Por último, después de haber analizado la interdependencia del capitalismo y el estado-nación, por un lado, y entre el patriarcado y el poder estatal centralizado por el otro, Öcalan se dio cuenta de que la libertad y la independencia reales sólo podrían llegar una vez que el movimiento hubiera cortado todos los lazos con estas formas institucionalizadas de represión y explotación...: "La tarea consiste en apoyar el desarrollo de una democracia desde abajo... que tenga en cuenta las diferencias religiosas, étnicas y de clase en la sociedad ".
...

Una confederación auto-organizada de municipios, trascendiendo las fronteras nacionales y los límites étnicos y religiosos, es el mejor baluarte contra la usurpación incesante de las potencias imperialistas y las fuerzas capitalistas."

Una nota sobre el pueblo kurdo. Desde mi punto de vista, los kurdos de los diferentes territorios que habita este pueblo parten de situaciones y de motivaciones muy diferentes a las que se dan en los nacionalismos occidentales. Aunque una parte de quienes promueven estos últimos, por ejemplo en Cataluña, compartan el ideario anterior, contrario a la globalización neoliberal, no es el caso de la mayoría de ellos.

Y una nota a favor de los niños mimados. No son pocos los burgueses ilustrados que a lo largo de la historia supieron relegar sus preocupaciones económicas en favor de todo tipo de pasiones personales, colectivas o políticas. Este me parece un camino importante para la transformación social.

Para terminar dejo los enlaces a la serie de entradas de este blog en las que planteé el problema de la globalización y la posible salida a la misma:


lunes, 25 de septiembre de 2017

"La ola" catalana y el lenguaje visual.

Para empezar, quiero dejar claro que no tengo una solución preferible. Me puedo imaginar muchas opciones para solucionar este conflicto en la actualidad y no estoy ni de un ni de otro lado. Ni debo estarlo para mantener la vista despejada. Aunque como menciono antes veo varias posibles constelaciones de como pacificar este conflicto pienso que no obstante solo habrá una mejor solución. Las otras serán inferiores para alguno, pero no tienen que ser malas.

Comenzamos con la clarísima e innegable diferencia entre las dos lenguas. Una suena como una mezcla entre italiano y francés con un rebote metálico/nasal en los vocales A y E, la otra más como alguien con origen árabe y celta que habla latín. Allí en medio se encuentra Madrid intentando hacer caber desde hace quinientos años todas esas culturas distintas debajo de una misma corona. Igual ya esto es una infame petulancia que solo puede surgir de una arrogante actitud de omnipotencia del movimiento de contrareforma que ha provocado Lutero. Roma se sentía ofendida por la actitud herética y liberal de los reformistas y empezó a destruir absolutamente todo lo que no cabía en su estrecha filosofía de culpa y moral. A continuación de bodas reales entre poderosos representantes de dicha iglesia se formó un imperio que cambió el mundo en su momento. Cataluña y Aragón quedaron anexionadas. Desde entonces se cultivaba una propia identificación cultural en Cataluña sin fronteras geográficas muy definidas. No obstante, las cosas se iban adaptando entre unos y otros como es la naturaleza del humano, flexible y dúctil y hoy tenemos una pluralidad rica y llena de oportunidades. Gente nace con dos lenguas maternas en toda España. Andalucía aporta un puente al interesante mundo y discurso de los países de África del norte. El norte y el país vasco ofrecen tierras y conceptos ricos en determinación, fortaleza y misticismo de origen celta. El Pirineo oriental y la costa catalana son la puerta a las filosofías y pensamientos occidentales. Madrid podría ser la sede cultural que coordina esta pluralidad y potencia las ventajas de cada región. Lamentablemente lo contrario es el caso. A todos se explota con nepotismo y burocracia sin ser una dictadura militar ni violenta. Simplemente controla y oprime el desarrollo económico y cultural de sus numerosas zonas autónomas. 

Tantos siglos de gobierno centralista han hecho que ahora en Cataluña se luche con las mismas armas opacas y déspotas. Es muy cómodo adaptarse a una sociedad cuyas reglas no están escritas y pueden cambiarse cada día a conveniencia y de manera totalmente arbitraria. La mayoría de los catalanes también han caído en esta cultura tramposa de corrupción civil. Ahora llevan una forma de vida que se basa en las mismas estrategias sucias que se expanden desde su gobierno monárquico. En quinientos años Cataluña se ha convertido en una extensión más de ese feudalismo de Madrid. La pregunta es si puede deshacerse en pocos años de un desarrollo que ha durado siglos. ¿Puede romper con las múltiples pendencias económicas, civiles y culturales de la noche a la mañana y si la respuesta es sí, cómo? ¿Puede Cataluña seguir con vida si se deshace de todos los enlaces con el resto de España? No entro en un discurso sobre datos económicos porque la historia de esta tierra sugiere que el negocio va donde está la cultura y no al revés. Seguimos entonces con un hilo que promete más certeza y razón. El cultural y social.






Aquí hay dos culturas que se han ido acercando y sobre todo igualando durante mucho tiempo. La manera de afrontar conflictos son muy similares en los dos partes, se ignoran hasta que explotan. El que denuncia el fraude, el chantaje, la mentira, se convierte en la causa del mal y así en el chivo expiatorio para el fracaso ético y social de los demás. El comportamiento observable en los espacios de uso público también es francamente el mismo: escandaloso, irespetuoso y prepotente. Los casos de corrupción no son inferiores ni más o menos frecuentes en ambas partes. La violencia verbal en momentos de frustración individual es muy común y el lenguaje aplicado, incluso en ambientes de educación universitaria, es pésima sin diferencia alguna entre los dos. La respuesta a esto suele ser: ”sí, porque nos hemos ido adaptando a estos mal educados centralistas, antes éramos mejores personas, antes de 1714”. Ya se ve que incluso el alto cultivo de excusas irracionales y victimistas no se diferencia en nada de las que se usan en cualquier otra parte del país. Echar la culpa del propio comportamiento a alguien que se lo ha impuesto o provocado. 



¿Porque todo esto cambiaría si Cataluña fuese un estado independiente? No hay ningún indicador que demuestra que la actitud de pandereta, estafa y choriceo se cambie de un día para otro con un cambio en la gestión pública o del jefe al que reportar. ¿Hace falte una ley que regule o un gobierno propio que permita, o incluso gratifique ser buena y honrada persona? ¿Hace falta un reglamento moral de la iglesia para actuar como persona con una ética humana? ¿Porque buscamos aplauso para actos de altruismo? ¿De verdad que necesitamos llevar el corazón en la lengua para mostrar que tenemos uno en el pecho?

Vemos que el problema está más profundo, en la educación de toda una cultura cristiana que es compartida en toda la península ibérica. El dogma de la doble moral y el favorecer a la actitud pusilánime es tan español como catalán y ningún estatuto, ninguna bandera, ninguna propaganda paralizadora y ninguna manifestación gigantesca cambiará este comportamiento si la gente no comprende que son ellos y su conducta de cada día donde se diferencian. Una ruptura con España potenciara muchos problemas socioculturales que tiene Cataluña y solucionara muy poco porque como hemos comprendido ahora, la causa del malestar no se eliminará con ello.


Me gustaría añadir que observo con curiosidad lo que vendrá, sin juzgar. Pero también informo como alguien imparcial que el método propagandista de “juntsXsi” es demasiado similar a los de las viejas dictaduras muertas como para no tener la piel de gallina de terror escuchando a sus protagonistas como repiten una y otra vez desde hace 3 años los mismos gritos vacíos e ignoran por completo los problemas reales que sufre la gente en la actualidad.



A mí, como “nouvingut” me consta que la torpe y hortera falta de respeto viene de ambos lados. Me consta que los conflictos políticos no se llevan de otra manera que cualquier conflicto a nivel particular entre dos personas. Se ignora o al menos no se habla hasta la ruptura absoluta, violenta y teatral de la relación. Excepto con mi mujer (catalana), y algún amigo más, pocas veces fue testigo de una dialogo de verdad. Lo que se hace llamar debate es un infantil circo de gritos y monólogos oportunistas. También en la cultura de debatir, objetar y llevar un discurso honesto y limpio los catalanes no se distinguen en nada del resto de España. Ese es otro motivo por el que la estrategia que se está ejecutando probablemente va fracasar, y esto aun siendo SI el resultado, creo que será un fracaso cultural, porque lo que define una victoria ganada no es el premio obtenido sino el camino que se ha tenido que recorrer. Si este camino fue acortado y tramposo, la victoria sabrá a poco mas que la sensación volátil y temporal que tiene un ladrón de ideas. Pronto necesitará mas. 
Además si hay dos partidos opuestos que luchan con las misma armas es solo cuestión de recursos quien ganará.

Finalmente me gustaría desplegar otro aspecto y para mí el más relevante e inquietante de todo.

Miremos un libro en particular que hace ver y reconocer que poder tiene una propaganda repetitiva y monótona, empleando palabrotas superlativas de victoria y gloria épica de manera mántrica. Vamos a ver paralelismos en la retórica del actual discurso intra-español que dan escalofríos. Se trata del libro de Victor Klemperer: "LTI-Lingua Tertii Imperii” apuntes de un filólogo. Solo hace falta ver el simbolismo verbal y visual de delirios de grandeza en las diadas y en las entrevistas de TV3 durante las mismas  (cito: “Tengo mucha fe y esperanza finalmente en ser 100% catalana - yo me pregunto que es ser 100% catalán?). O por otro lado la arrogancia de los discursos ingenuos desde Madrid.


No se informa a la ciudadanía sobre detalles del proceso. Nadie sabe cómo exactamente se separará Catalunya de España a nivel operativo. Nadie se ha molestado en poner en duda la justificación en cuanto al contenido concreto del mismo. Nadie dice: “Si, pero como exactamente” Aun siendo favorable a la independencia es la obligación civil de cada ciudadano comprobar si el camino de los políticos es el correcto y no causa más daño a largo plazo. Democracia sobre todo es saber que como persona civil tengo la obligación de estar al día de las actuaciones de mis representantes (los políticos) y aunque esté generalmente a favor de su dirección no puedo dejarme engañar por una retórica emotiva que lo único que hace es polemizar y polarizar, pero no dar ninguna información sobre el contenido y la estrategia detallada de su plan. El pueblo catalán está lejos de comportase cómo miembros de una democracia ahora mismo. Mas bien se comporta como un fanático seguidor de unos calentones déspotas que aprovechan un conflicto real entra Madrid y Barcelona para satisfacer su hambre de sentimientos de épica grandeza. Un complejo de inferioridad ampliado al colectivo siempre fue la principal tierra fértil para las peores dictaduras de la historia. Véase la tele u otros medios. Siempre que hay un reportaje sobre algo de origen catalán (embutido, esquiadores, fabricantes de cerveza, deportes outdoor, museos, comida. lo que sea) siempre se encuentra alguna manera grotesca de medir para afirmar con orgullo que algo catalán está “entre los mejores del mundo” o “con referencia mundial”. Dime, estimado lector, que piensa sobre gente que de manera tan maniática y desesperada ha de buscar un criterio que permite declarar una particularidad cultural como referente mundial (por insignificante que sea).






Creo que lo que más va costar en el camino de Cataluña es reconocer que su comportamiento, su carácter y su forma de ser es demasiado española, opaca y oportunista para conseguir la paz interior que busca. Ojalá me equivoque, no porque esté a favor del divorcio, sino porque quiero ver como han pensado poner en practica y como van a cumplir con el reto de convertirse, magicamente
, en un país de civismo, un estado de derechos con un sistema fiscal justo y transparente y con un sistema sanitario y educativo que no va por edad, apellido y bolsillo sino por numero de turno. O simplemente van a copiar el eco-fascismo social de Suecia para la gente normal y la hipocresía del estamento aristocrático de Suiza o Andorra para la capa del poder. Porque esto es a lo que me huele el viento burgués que viene desde Gerona. No se la tramontana, es el soplo helado de un territorio intelectual concreto en Catalunya y su respectiva clase socio-económica, cuyo motor psico-cultural es el rencor y la envidia.

Pero, si el hombre lo ha construido, el hombre lo puede cambiar. 


lunes, 18 de septiembre de 2017

Quien controla los símbolos lo controla todo

El Antiguo Egipto alcanzó su cenit a la sombra de las pirámides, por su parte Roma floreció como Imperio universal, un concepto novedoso para su tiempo. Durante la Edad Media la vida giraba en torno a las catedrales. En el tiempo que nos ha tocado vivir ya no hay dioses que madrugan con el sol para recorrer el cielo a su paso en carros dorados, tampoco hay dioses uno y trino, pero el hecho de que la Ilustración rompiera aparentemente con el catolicismo no implica que en Occidente Dios haya muerto, sino que más bien los símbolos han mutado para mantener la misma esencia.

Hay pequeñas diferencias. Si en el pasado Dios enviaba una catástrofe que arrasaba una o varias poblaciones porque estaba enfurecido por la acción de los humanos, hoy día podemos asistir en los medios de prensa a cómo "los mercados se inquietan", o "los mercados están nerviosos", o "los mercados caen por la acción política". Incluso cuando se habla sobre enfermedades y retos para la salud pública en los telediarios, la magnitud de los mismos se valora en términos puramente económicos, del tipo "cada paciente con cáncer le cuesta 100.000 euros al Estado".

En el lenguaje de los medios de comunicación asistimos, además, a un interés desmedido por tratar las cuestiones económicas como científicas. Así nos basamos en un modelo neoclásico completamente obsoleto cuya base da por descontado que los recursos son infinitos y el crecimiento puede ser exponencial, contra toda lógica física y racional |1|, ningún medio se plantea más allá de un documental de tarde de domingo el ritmo frenético y desenfrenado de consumir 2.700 litros de agua para producir una sola camiseta |2| pero se avanza a martillazos en el lenguaje de "intervenir con soluciones quirúrgicas" en la economía griega o la Eurozona, además de insistir al consumidor en "el que no es tonto compra más porque compra más barato".

Los propios adeptos del liberalismo, la religión de moda en nuestro tiempo, entran en flagrantes contradicciones con frecuencia. En una reciente entrevista que Pablo Iglesias hizo a Antonio Escohotado |3|, éste se vanagloriaba de cómo descubrió que "la mano del libre mercado nos favorecía" durante su estancia hippie en Ibiza, para apenas veinte minutos después proclamar "yo odiaba el comercio, hasta que empecé a escribir Los enemigos del comercio", ya entrado el siglo XXI |4|. Como también se contradice al atribuir a ideologías opuestas a la suya los mayores crímenes contra la humanidad, descartando su posible aplicación, al tiempo que define como "agua derramada con la que ya no se puede hacer nada" al lanzamiento de dos bombas atómicas sobre población civil en Japón.

Pese a la fachada de intelectualidad y racionalidad con la que la prensa presenta a la religión política liberal, sus raíces no dejan de ser la de los esclavistas y racistas que tenían una fe protestante acorde al pensamiento anglosajón, la misma que organizó y financió lo mismo las guerras del opio, |5| que la limpieza étnica en Medio Oriente mucho antes de la llegada del nazismo |6|.

La cuestión no es si la religión política liberal tiene postulados ciertos o erróneos, sino de que lleve el control del debate y todo lo que se trate en las tertulias televisivas, radiofónicas, libros o blogs gire en torno a su discurso. ¿Acaso el liberalismo ofrece una metafísica a la gente común y corriente y el resto de ideologías y religiones políticas |7| |8| no? No importan las contradicciones en las que caen en media hora, ni que sus dogmas establezcan falsedades como que el comportamiento del ser humano es racional, sobre todo como consumidor, lo importante son los símbolos; así al criticar sus dogmas uno pasa a ser hereje "antisistema" - partidario del caos y la destrucción en lenguaje llano - o sencillamente odia al comercio. Poco importa que en los tiempos del franquismo alguien pudiera comprarse un camión y ya era transportista, mientras que hoy día tiene que comprar el camión, pagar más tasas e impuestos a través de cursos inútiles para la profesión pero rentables para proteger a las grandes empresas logísticas evitando competencia por abajo, como tampoco importa el hecho de que la neurociencia lleve más de medio siglo mostrando cómo el comportamiento del ser humano es irracional |9|.





|1| https://crashoil.blogspot.com/2017/07/siervos-de-entropia.html
|2| https://autonomiaybienvivir.blogspot.com/2015/03/teresa-belton-y-su-analisis-sobre-la_16.html
|3| https://www.youtube.com/watch?v=SkO42kwNg_0
|4| https://www.casadellibro.com/libro-los-enemigos-del-comercio-i-historia-de-las-ideas-sobre-la-propi-edad-privada/9788467029772/1228569
|5| http://modernfarmer.com/2014/02/old-time-farm-crime-opium-wars/
|6| https://crimesofbritain.com/2016/09/13/the-trial-of-winston-churchill/+
|7| http://www.tendencias21.net/El-filosofo-John-Gray-denuncia-el-secularismo-fundamentalista_a2221.html
|8| https://autonomiaybienvivir.blogspot.com/2016/08/la-felicidad-segun-schumacher.html
|9| http://neurosciencenews.com/top-2016-neuroscience-articles-5842/




domingo, 10 de septiembre de 2017

¿Economía colaborativa? Sí, pero desde el cooperativismo (Homo Cooperans 2.0)

"Las mejores colaboraciones crean algo más grande que la suma de lo que cada persona puede crear por su cuenta." – Anónimo

"Para cambiar un paradigma existente, no luches por intentar cambiar el modelo problemático. Crea un nuevo modelo y así haces obsoleto al antiguo. Esto es en esencia, el servicio más elevado al que todos hemos sido llamados" – Buckminster Fuller

           1)  Introducción
        2)  El retorno del Homo Cooperans (Pasado-Presente) 
        3)  Un sistema que se queda sin aliento (Presente-Presente)
        3.1) Factor 1: Exceso de consumo
        3.2) Factor 2: Exceso de publicidad
        3.3) Factor 3: Exceso de individualismo
        3.4) Factor 4: Exceso de crecimiento económico
        4) La batalla por los bienes comunes (Presente-Futuro)
        5) Conclusión personal y posibles caminos de cambio
        6) Epílogo
  Apéndice: Listado de diferentes iniciativas para explorar e inspirarse

       1) Introducción

Ya encaminados hacia el final de este año 2017 para hacer una recopilación de ciertos libros para ir entendiendo y co-creando el posible paradigma del bienvivir, tal como hice en el 2015 y 2016, me he encontrado con un libro sobre economía que merece una reseña especial. Se trata de “Homo Cooperans 2.0. Por una economía colaborativa desde el cooperativismo” de Matthieu Lietaert.  (Se pueden leer las primeras 20 páginas aquí)







La economía colaborativa está de moda para bien o para mal, principalmente por los debates sobre dos de las grandes empresas que resuenan en todos los medios, Uber y Airbnb. El libro no quiere poner sólo el foco o el marco en esa polémica y sus consecuencias, sino que además proporciona una perspectiva tanto de tiempo, de toda la historia humana, como de espacio, lugares no tan trillados en los principales medios de comunicación. Esa perspectiva, más sistémica, puenteando la triada de los grandes medios de comunicación, el establecimiento de la agenda, el encuadre (framing) y el primado (priming), permite aumentar nuestro pensamiento crítico ante cualquier debate, serio o de cuñados, sobre economía colaborativa. Es más, a mi parecer, el libro integra implícitamente otra triada, la del corazón, cabeza y manos. El propósito de corazón de Matthieu para escribir ese libro es:

 “la urgencia de crear un mundo mejor para las generaciones futuras y para aquellos que hoy ya están excluidos de los beneficios de la globalización de la economía de mercado.”

Para ello, se vale de toda su experiencia, tanto académica como de investigación que en el pasado dio fruto a los documentales “Los negocios de Bruselas”, sobre los lobbies de las empresas multinacionales o a “Nos chers paradis” (en francés) sobre el cambio climático. Finalmente, se ha puesto manos a la obra co-creando “La fábrica de la transición”, proyecto real y en marcha donde teoría y práctica se encuentran, donde se crean soluciones a los problemas y dónde estos pueden ser replicados en otros lugares. Este y otros proyectos, ya funcionando, serán expuestos en un apéndice que he realizado al final de este artículo para que nuevos pioneros se inspiren y den rienda a su corazón, intentando ser los mejores para el mundo, y no tanto los mejores del mundo.

El libro cuenta con un prefacio de Michael Bauwens, iniciador de la fundación para las Alternativas Peer-to-peer, y un epílogo con una entrevista a Jordi Estivill, sociólogo, cooperativista y miembro de XES.  Básicamente, esta obra se divide en tres partes con dinámicos y sugestivos títulos que enmarcaré y comentaré personalmente en una línea temporal, pasado, presente y futuro y con un encuadre visual sobre la sombra, la luz y lo invisible.

    2) El retorno del Homo Cooperans (Pasado-Presente)

Un foco en un espacio concreto de la línea del tiempo, por ejemplo, los últimos 300 años, es como el chiste del borracho que busca unas llaves que ha perdido al pie de una farola porque allí hay mucha luz. Quizás por azar las encontremos, pero lo normal es que no estén allí, hay zonas oscuras más extensas por donde hemos estado que deberíamos inspeccionar, por ejemplo, con una linterna. Matthieu, con una especie de linterna del tiempo, busca la esencia humana remontando la historia de la humanidad (homo rudolfensis, homo ergaster, homo erectus, homo nearderthaliensis, homo sapiens) y no sólo en este periodo moderno. Su conclusión es simple:
“Estoy totalmente convencido de que esas grandes familias del género Homo, todas forman parte del meta género Homo cooperans. Sin ninguna excepción. Nuestra sociedad y nuestros libros de historia nos enseñaron a poner el acento, como lo he hecho antes, en las proezas de nuestros diferentes antepasados, el tallado de la piedra, el dominio del fuego, el del lenguaje, el caminar, en incluso las capacidades cognitivas. No obstante, a fuerza de mostrar las diferencias, nos hemos olvidado los rasgos comunes: el género Homo siempre cooperó con sus semejantes, desde hace millones de años.”
Siguiendo con la metáfora de la luz de la farola, buscar en este periodo moderno de los últimos 300 años es, mayormente, encontrarnos con las ideas de la gran revolución Darwiniana amplificadas en nuestros días con ese afán por la competición, la lucha y el individualismo en una jungla urbana. Al contrario y como muestra con datos en el libro, el ser humano ha vivido en comunidades, más bien pequeñas, la mayor parte de su historia. Sólo con la explosión urbana de los siglos XX y XXI vivimos en comunidades (ciudades) más grandes, aunque aún en Europa el 50% de la población vive en el campo y en pequeños pueblos. Sin embargo, la paradoja es que cuanto más grande son las ciudades, tanto más viven sus ciudadanos aislados. En Europa el 35% de los habitantes adultos viven solos.

A grandes males, grandes remedios. Como si fuese un mecanismo que contrarrestase la inercia incomunicativa anterior ha surgido también una explosión en los medios de comunicación (del telégrafo a internet). Quizás nuestra naturaleza innata comunitaria, de contacto, de comunicarnos, de informarnos que se atrofia con la individualidad se intenta satisfacer buena o malamente a través de lo que disponemos en cada época, en este caso, gracias a la tecnología, tenemos internet. Se ha pasado en poco más de 20 años de una utilización del 0,4% a más de la mitad de la población con cifras mayores en el continente europeo. Esta revolución de la información tiene un carácter diferente con respecto a otras revoluciones como la industrial que se basa en las materias primas entre ellas el carbón y el petróleo. El conocimiento no se pierde al utilizarlo, al contrario, se puede compartir y mejorar. Aunque desde un punto de vista sistémico más abierto, es verdad que sí tiene un cierto costo de materiales y de energía. De todos modos, visto desde ese punto sistémico, también es verdad como comenta Matthieu que esta revolución de internet está erosionando dos sistemas que desde una mirada corta en el tiempo parecen realidades eternas: la propiedad privada y el sistema de separación territorial entre naciones. Estos dos conceptos son realidades momentáneas, que se han construido y del mismo modo que se han construido se pueden de-construir. Como decía Harari en su libro “Homo Deus”:

 ”La mejor razón para aprender historia no es para predecir el futuro, sino para que podamos desprendernos del pasado e imaginemos posibles alternativas.”

Así mismo, como sugería en el artículo del “efecto perspectiva” de los astronautas, retirar ese foco fijo de luz sobre los pequeños territorios donde vivimos, nos amplía la mirada sobre todo el planeta Tierra donde todo está interconectado y no se ven barreras. Irónicamente, esta última afirmación sobre las barreras, no tendrá valor si cuando leas este artículo ya se ha construido el muro EEUU-México.

3) Un sistema que se queda sin aliento (Presente-Presente)

Paradójicamente, hay un efecto curioso al buscar sólo en la luz, ésta podría cegarnos si la miramos fijamente. Con ironía humorística el autor afirma que es muy difícil publicar en la mayoría de las grandes publicaciones sobre ciencias sociales, principalmente anglosajonas, si no se utilizan fórmulas o ecuaciones matemáticas. Voilà, Mattieu crea esta fórmula para resumir esta parte.

Crecimiento ilimitado = (consumismo x híper-individualismo) publicidad

Afirma que este es el capítulo sombrío, el deprimo-constructivista donde busca las causas profundas del malestar de nuestra sociedad. Contrariamente y desde el punto de vista metafórico que utilicé anteriormente, para mí, este es el capítulo luminoso que nos ciega y en el que cree vivir nuestra sociedad actual, aquella que sólo busca las llaves al pie de la farola y que posiblemente no encontrará. Más allá de estos juegos lingüísticos, el capítulo se centra principalmente en los últimos 300 años, una nimiedad con respecto a toda nuestra historia humana, por ello digo que sigue siendo el presente. De modo sistémico, esta línea de tiempo mucho más corto es abarcada en su totalidad histórica por el autor y no se enfoca solamente en algún hecho histórico concreto de cada uno de los cuatro factores. Dentro de este micro-escenario temporal también es necesario abarcarlo todo para encontrar las causas y ese malestar de nuestra sociedad. Como ya hemos comentado en este blog, estas se manifiestan en una triple crisis sistémica, ambiental, social e individual.

3.1) Factor 1: Exceso de consumo

La dependencia del sistema económico actual es tan alta que como afirma Matthieu no sólo una huelga de trabajadores podría tambalearlo sino también una huelga de consumidores. Con interesantes relatos y curiosidades, el texto nos lleva a través de una línea del tiempo para entender el consumo desde el homo habilis hasta nuestros días. Ya en estos últimos 300 años destaco los siguientes tres párrafos o citas reflejados en el libro para reflexionar sobre varios factores implícitos que nos ha llevado a evolucionar hacia un homo consumens:

“De una manera general, con el siglo XVII llega un cambio en nuestra historia al abrirse la era del consumo de masas. De todas maneras, es un hecho que, sin colonias, sin trata de esclavos sin explotación obrera, habría sido imposible para las familias europeas acceder al “gozo del consumo de masas”.

“Puede ser que antes de la crisis (1929), la gente era demasiado extravagante; pero está claro que ahora se comportan en el extremo opuesto y se volvieron terriblemente avaros. Desobedecen a la ley de la obsolescencia al utilizar su coche, sus neumáticos, sus radios y su ropa mucho más tiempo del que los ingenieros habían previsto. (…) Mi propuesta, para poner de nuevo el país en la vía de la recuperación económica, es planificar la obsolescencia del capital y de los bienes de consumo desde el momento de su producción.”

“Entre 1947 y 1951, los miles de millones de dólares del Plan Marshall no solo tienen por objetivo la recuperación económica. Sobre los 95.000 millones de euros (en valor actual), 5000 millones fueron destinados a la producción masiva de películas, de emisiones de radio, de carteles e incluso de espectáculos de marionetas. Como lo explica Victoria de Grazia, profesora de la Universidad, cada uno de esas producciones formaba parte de una propaganda cuyo fin era eliminar los obstáculos culturales presentes en Europa. Según esa investigadora, desde 1945, se desató una verdadera guerra cultural para que el consumo europeo y sus frugales hábitos de consumo se convirtieran al American way of life…”

3.2) Factor 2: Exceso de publicidad

De modo parecido, el autor nos da un paseo con historias, anécdotas y datos sobre la historia de la publicidad. Acertadamente, creo que es necesario ver el todo para entender sus partes. Como ejemplo para reflexionar:

“Algunos pueden pensar que el porcentaje de PNB invertido en publicidad (1% en UE) es claramente inferior al 5% invertido en educación (pública). Pero es un error. Si se toma toda la vida de un ciudadano, se constata que la publicidad afecta a todas las personas desde la cuna hasta el féretro (cerca de 75 años), mientras que la educación pública no dura de media más de 15 años. El impacto es grande y, según los últimos estudios, un individuo de los países desarrollados consume, atentamente, contenido publicitario 37 minutos por día… Resumiendo. ¡todo van bien!”

3.3 Factor 3: Exceso de individualismo

Otra vez se recorre la historia de estos últimos 300 años para entender cómo se ha llegado desde la proclama por la libertad y la individualidad de John Stuart Mill en un contexto social monárquico y de una autoridad asfixiante por parte de los Estados al extremo opuesto. En este nos encontramos con un individualismo extremo o demasiados individualismos, invirtiendo la anterior pirámide, y planteando otra vez, como hace 300 años, un problema de tipo de sociedad y supervivencia. El autor no está en contra del individualismo per se, sino

“por el exceso de individualismo que crea una cultura narcisista, sin otro fin que la contemplación de uno mismo y la superficialidad de las relaciones.”

3.4 Factor 4: Exceso de crecimiento económico

Finalmente, el último factor, el crecimiento económico, resultado de las operaciones de los otros tres según la ecuación del exceso, trae a colación el PIB (Producto Interior Bruto) tal como se mide la salud económica de un país. Desgraciadamente y tomando la metáfora de Maslow,



esta herramienta se ha convertido en prácticamente la única para medir el bienestar de nuestras sociedades. Sin embargo, como buscar sólo bajo la farola porque es donde hay luz, utilizar sólo esa herramienta es un grave error de apreciación. Me remito al discurso magistral de Robert Kennedy sobre el PIB que no deberíamos olvidar cuando debatimos sobre economía-política. Esta cita es también resaltada en el libro y además de su sapiencia tiene en mí un cierto componente emocional porque fue aquella con la que encabecé mi primer artículo escrito en internet hace unos pocos años.

“Nuestro PIB tiene en cuenta, en sus cálculos, la contaminación atmosférica, la publicidad del tabaco y las ambulancias que van a recoger los heridos en nuestras autopistas. Registra los costes de los sistemas de seguridad que instalamos para proteger nuestros hogares y las cárceles en las que encerramos a los que logran irrumpir en ellos. Conlleva la destrucción de nuestros bosques de secuoyas y su sustitución por urbanizaciones caóticas y descontroladas. Incluye la producción de napalm, armas nucleares y vehículos blindados que utiliza nuestra policía antidisturbios para reprimir los estallidos de descontento urbano. Recoge (…) los programas de televisión que ensalzan la violencia con el fin de vender juguetes a los niños. En cambio, el PIB no refleja la salud de nuestros hijos, la calidad de nuestra educación, ni el grado de diversión de nuestros juegos. No mide la belleza de nuestra poesía, ni la solidez de nuestros matrimonios. No se preocupa de evaluar la calidad de nuestros debates políticos, ni la integridad de nuestros representantes. No toma en consideración nuestro valor, sabiduría o cultura. Nada dice de nuestra compasión ni de la dedicación a nuestro país. En una palabra: el PIB lo mide todo excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida”
Como decía el autor, esta es la parte deprimo-constructivista y no sirve de nada ser ingenuo sobre el potencial de la economía colaborativa sino se atacan las raíces del problema que están ocultadas tras la luz que nos ciega a través de esos cuatro factores:

Crecimiento ilimitado = (consumismo x híper-individualismo) publicidad

En plan irónico-humorístico para dar fe de la validez de su fórmula, le remito a su parecido con los cuatro jinetes del apocalipsis que se pueden intercambiar con los elementos de la fórmula anterior, quedando de esta forma:

Muerte = (Victoria x Guerra) Hambre

Como decía el gran economista y pensador sistémico Kenneth Boulding; “Aquel que crea que un crecimiento exponencial puede continuar hasta el infinito en un mundo finito es un loco, o bien un economista”, así que el exceso de crecimiento nos lleva en dirección a la muerte. Todo esto lo estamos viendo con la victoria del homo consumens, del homo economicus, sobre el homo socialis y el homo cooperans en una guerra individualizada, darwiniana, en el que cada palo aguanta su vela. Finalmente, la guinda la pone el exceso de comunicación publicitaria, que enmarca nuestros deseos en una cultura insaciable, con un hambre exponencial de querer más y más.



    4) La batalla por los bienes comunes (Presente-Futuro)

Si anteriormente se ha visto el juego y contra-juego de luces y sombras con las que he enmarcado el pasado y el presente moderno de la humanidad, ahora toca encontrarnos con el futuro, lo que se ignora y es invisible a nuestros ojos. Evidentemente no es una ignorancia totalmente ciega, el pasado tiene una inercia por la que existe una cierta dependencia a lo andado y el presente es muy sensible a los distintos contextos locales del gran ecosistema Tierra. Matthieu nos trae a colación diferentes batallas con sus impredecibles resultados. Primeramente, nos trae la batalla de dos de las empresas de la economía colaborativa más mediáticas Uber y Airbnb contra cierto status quo económico actual. Este es un tema muy complejo, por un lado, su llegada parece traer ciertos beneficios globales como por ejemplo una mayor eficiencia de los recursos, posibles soluciones a algunos elementos de la ecuación del exceso o quizás menos intermediarios. Por el lado contrario, al ser un elemento nuevo en el sistema, la regularización no se ha estabilizado creando problemas en el tema de impuestos, paraísos fiscales, relaciones contractuales y numerosos problemas que se resaltan en los medios, taxis, alquileres de pisos…etc. Roma no se construyó en un día y la economía colaborativa lleva cierta novedad por lo que se necesita cierto tiempo para ver cómo y hacia donde evoluciona. La respuesta del autor es que no todo es blanco o negro. No se puede ir a los extremos, permitir todo o prohibir todo. Comenta que volviendo al pasado la historia está lleno de estos conflictos. La llegada del algodón indio en el s. XVII contra la lana y el lino europeos. La llegada del automóvil contra los cocheros de caballos, o la industria contra el artesanado. La cuestión ahora es:

“hay que reflexionar sobre la mejor reglamentación para la sociedad en su conjunto, teniendo en cuenta su ecosistema a largo plazo.”


Como se indicaba anteriormente, esta nueva revolución está basada en la información, una materia prima inmaterial, abundante y a la que una multitud puede acceder simultáneamente. Además, aumenta y mejora cuanto más es utilizada e intercambiada por los diferentes partícipes. En este punto Matthieu analiza dos visiones, la de Jeromy Rifkin muy personalizada en su libro “La sociedad de coste marginal cero” y la de Michel Bauwens con su obra en francés “Sauver le monde: vers une economie post-capitaliste avec le peer-to-peer” (Salvar al mundo: hacia una economía post-capitalista con el peer-to-peer). Para él la aproximación de Bauwens es más real, ya que ofrece una mirada más participativa, más constructivista mientras que la de Rifkin, el cambio de paradigma parece ser más automático. Sin embargo, para saltar de un paradigma a otro se necesita energía y no es simplemente un proceso automático que ocurrirá finalmente. Esta energía en términos económico/políticos humanos viene dado por el poder. De ahí la intuición en el título de esta tercera parte del libro, la batalla por los bienes comunes. Esta es una batalla que nos podemos prever como acabará, existen diferentes fuerzas y poderes, el horizonte es invisible y no es algo que se desarrollará automáticamente.

Aquí, hago un inciso para resaltar pedagógica y visualmente, uno de los diagramas sistémicos más importantes que puede ayudar para entender el tema del poder (energía) y el tema del cambio en nuestra sociedad. Está compuesto por la suma de dos tipos de realimentación. Uno positivo y otro negativo. 





Si sólo existiera el de realimentación positiva (parte izquierda), su funcionamiento sería aquel que por cada ciclo recorrido en el elemento de referencia (p.ej. dinero, poder, población, consumo, inteligencia..) se incrementa hasta un nivel de saturación o de colapso. Sin embargo, si le añadimos un sistema de retroalimentación negativa (parte derecha), este invierte la dirección del elemento referenciado pudiendo llegar a un cierto equilibrio. Pongamos por caso un tema de biología en el crecimiento de población, por ejemplo, de conejos, en un cierto territorio o ecosistema. Este no puede ser infinito, sólo de realimentación positiva, a más conejos, más reproducción por lo tanto nacen más conejos y estos vuelven a reproducirse incrementando la población y así incrementándose en cada ciclo. En un periodo de tiempo este sistema o bien colapsa por falta de comida o bien una retroalimentación negativa aparece a través de un incremento de depredadores. Un sistema de calefacción también funciona parecido. En una habitación a 18º, poner el termostato a 20º hace que se ponga en funcionamiento y este no pare hasta los 20º más un pequeño margen. Si la temperatura vuelve a bajar de cierto umbral, la calefacción se vuelve a poner en marcha. Sin embargo, si pudiésemos poner el termostato por ejemplo a 90º (algo que no es posible en los termostatos convencionales), el sistema con las consiguientes pérdidas debido a que nuestra habitación no está totalmente aislada, no pararía. Es decir, estaríamos calentando la calle y esta nunca llegaría a los 90º por lo que el sistema seguiría funcionando hasta su colapso (avería). En la segunda parte del libro que se comenta, con la ecuación del exceso, se puede ver la realimentación positiva que da el consumo, el individualismo y la publicidad. No hay que ser muy ingenuo, loco o economista como decía Boulding para prever que de algún modo eso puede llevarse al infinito. En algún momento el sistema se saturará. De un modo simplista y con sus matices, más o menos, siempre he barajado tres grandes escenarios futuros. Primeramente, un colapso matizable pero que, en su vertiente más extrema, dadas las armas nucleares, pueda llevar a la extinción de la especie humana en su totalidad. Segundo, un escenario típico orwelliano 1984 (que ya estamos experimentando). Finalmente, un cambio de paradigma que nos lleve hacia un cierto nuevo equilibrio, al que aquí hemos llamado bienvivir.

En este punto, imagino en este dibujo el diagrama sistémico con las fuerzas que se enfrentarán en esta batalla según el autor.




Matthieu aboga por desarrollar una estructura cohesionada y autónoma con la colaboración de todos los grupos que componen la alta heterogeneidad de movimientos alternativos que se resisten a esas fuerzas de retroalimentación positiva.

Como decía Korzybski, “el mapa no es el territorio”, y ese gráfico es una simplificación ya que la realidad es más compleja. No existe, por ejemplo, en términos lingüísticos de guerra de las galaxias, una fuerza oscura pura contra una fuerza rebelde pura. Dentro de cada subsistema, existen diferentes alter-egos. Nosotros mismos no estamos en uno u otro lado de ese sistema, sino que consciente o inconscientemente pertenecemos a los dos. Quizás, a mi parecer, este gráfico sistémico del taoísmo, enmarca mejor las ambigüedades del gráfico de arriba donde los sistemas no están aisladamente enfrentados, sino que internamente cada uno de ellos contiene la semilla más pequeña o grande de su propio cambio o evolución.






En este momento clímax del libro, sobre la pregunta de cómo cambiar de paradigma o cómo transformar la sociedad global, Mattieu recurre a Gramsci para analizar la teoría del poder y del contrapoder, de la hegemonía y la contrahegemonía que a mi parecer se asemeja al símbolo anterior:

“cualquier sociedad es dominada, en un momento de la historia, por una determinada ideología. Eso se llama hegemonía dominante. Eso, nos recuerda Gramsci, no es el fruto de una ineluctable normalidad caída del cielo, sino que se fundamenta, por el contrario, en una base material muy concreta en la que los actores y sus motivaciones pueden ser identificados. Gramsci no se interesa solamente en la hegemonía sino, sobre todo, en la contrahegemonía, como cuando un sistema político, económico y social es reemplazado por otro:”

Los matices de negro y blanco no están totalmente separados, al contrario, como en el ying y el yang en cada lado existe facciones opuestas. Matthieu nos ilustra con ejemplos de diferentes facciones dentro de una hegemonía, por ejemplo, en la iglesia católica con un Ratzinger que criticó mucho la teología de la liberación y al contrario Francisco (Bergoglio) mucho más abierto tanto en ese tema como en temas de ecología y economía. También da ejemplos de disidencias en el Banco Mundial y el FMI como las de Stiglitz (anti-austeridad) o Simon Johnson del FMI, ahora uno de los más fervientes opositores del secuestro del mundo político por los lobbies de finanzas internacionales.

La cuestión es, cómo hemos hablado en este blog, mover la ventana de Overton hacia esas nuevas ideas, en el caso de nuestra asociación hacia la autonomía y el bienvivir. Todo ello en el menor tiempo posible dando los efectos colaterales presentes que se vienen produciendo tanto a nivel personal, social como medioambiental. Sin embargo, esto a veces toma tiempo y ni siquiera sabemos sí sólo nos falta un sólo paso para cruzar el umbral. Esto se puede ilustrar con la cantidad de años que las ideas de Hayek estuvieron a la sombra de las de Keynes. Es decir, desde la constitución del Mont Pelerin hasta el desembarco efectivo con las políticas de Thatcher y Reagan pasaron más de 40 años para que esas ideas entraran en acción. La teoría de Gramsci como cualquier herramienta sobre el papel es neutra. La cuestión está en los valores o desde qué puntos de vista de aplican. Quizás el concepto e ideas de Gramsci están detrás de la cita del economista neoliberal Milton Friedman, que en un artículo anterior de este blog “El difícil camino hacia una sociedad alternativa”, han creado cierto debate:

Desde una perspectiva taoísta, Uber y Airbnb forman parte de ambos sistemas, por una parte, están ayudando al desarrollo de la economía colaborativa, por otra parte, tienen también su pertenencia al sistema capitalista de la ecuación del exceso. En un momento de este presente-futuro hay que preguntarse por los valores, conceptos abstractos que suelen mantenerse en una capa invisible de la economía colaborativa y de esos gigantes concretamente. Es aquí donde Matthieu da finalmente respuesta a la pregunta de este artículo ¿Economía colaborativa? Sí, pero desde el cooperativismo.

Otra vez un recorrido histórico en el tiempo, desde sus orígenes hasta hoy, con sus luces y sus sombras nos muestra en perspectiva, los valores subyacentes de las cooperativas sobre justicia, solidaridad, bienes comunes, con las personas en el centro del proceso… etc. Como apunta Matthieu, las cooperativas podrían ser esa institución híbrida entre el Estado y el mercado para gestionar la sociedad ya que como antes había comentado en el libro, parece evidente que el Estado y el Mercado no desaparecerán.  

“Todas las cooperativas están basadas desde esa época sobre siete principios fundamentales:

       1) Adhesión voluntaria y abierta a todos.
       2) Cada miembro tiene un voto.
       3) Participación económica de sus miembros.
       4) Autonomía y dependencia.
       5) Educación, formación e información.
       6) Cooperación entre cooperativas.
       7) Compromiso con respecto a la comunidad.”

Evidentemente sobre el papel hay muchas luces, pero el desarrollo de las cooperativas también tiene sus sombras y aquí menciona la locura de grandeza de algunas como la cooperativa de consumo Migros o gigante naranja de Suiza que tiene 2 millones de miembros y que controla el 40% de la alimentación suiza. El proyecto original surgido antes de la segunda guerra mundial en un cierto contexto y con unos ciertos valores se ha transformado principalmente en la búsqueda de ganar más como objetivo. Otro caso de grandeza es de Fagor y el grupo Mondragón en España, con unos valores originales que han ido cambiando según el contexto. Quizás debamos volver a la cita y obra de E. F Schumacher, “Lo pequeño es hermoso”.  De hecho, en Europa según se indica en el libro, existen más de 160.000 cooperativas que emplean 5,5 millones de personas y que están sostenidas por 123 millones de cooperativistas. Esos casos de grandeza, que llaman la atención es quizás un efecto paradójico de lo fácil que es ver lo que se tiene delante, lo más grande que además se suele recoger en los grandes medios, pero la realidad, las sombras y lo que no se ve es mucho más extensa y diversa.

En el último apartado, en el de la conclusión del libro, el autor va contestando diversas críticas sobre la economía colaborativa donde su objetivo no es mostrar el mejor lado de esta nueva economía a cualquier precio sino remarcar el potencial y analizar los distintos medios por el cual esta economía tenga sentido. Una de esas críticas va al tema ético. Como nuestro foco va dirigido a lo que conocemos, a lo que vemos, el debate de las grandes start-up de la economía colaborativa se encuentra enmarcado en Uber, Blablacar, Airbnb… y se dirige a su ética, al dinero que amasan, el tema de los impuestos etc.  Como indica un estudio de Valérie Peugeot mencionado en el libro, estos empresarios apenas tienen acercamiento a la economía social y solidaria.  De sesenta empresas del sector de iguales (peer-to-peer) apenas había alguna que había elegido un estatuto de cooperativa o de asociación. De hecho, las pocas que lo habían hecho ya lo cambiaron hacia un estatuto de empresa. Por ese lado parece que no innovaron en absoluto. Mattieu aboga por la creación de alternativas, una especie de CoopBnB, BlaBla-Coop… algo que si es posible ya que la tecnología, que ya está disponible, permite crear este nuevo tipo de plataformas. Además, estas deben pertenecer a aquellos que las utilizan y no a los inversores.

Finalmente, Mathieu concluye:

“sería ingenuo creer que la economía colaborativa tomará de forma automática la dirección hacia una sociedad más ética, en sintonía con su medio ambiente y teniendo como objetivo la preservación de los bienes comunes. La historia nos enseña que no hay otro “happy end” que aquel por el que lucharon nuestros antepasados y hemos luchado nosotros. Si hubiera una conclusión a la que llegar de mi trabajo de investigador universitario sobre el lobbying europeo, sería que el mundo de las empresas multinacionales invierte un tiempo enorme en la creación de alianzas ideológicas con el fin de transformar sus ideas en políticas concretas. Al operar de manera transversal, en diferentes niveles y utilizando diferentes tácticas, estas empresas han desarrollado una estrategia extremadamente eficaz en nombre de la maximización de sus beneficios y del productivismo. 
Estos últimos años, sin embargo, el viento ha comenzado a virar y sus sistema nos muestra sus límites todos los días. La cuestión que necesitamos plantearnos es la de saber cómo podríamos organizarnos para vehiculas otras ideas, y para que, también, nosotros podamos transformarlas en políticas concretas.”

La exhortación de Michel Bauwens “¡Iguales de todos los países, uníos!” es un excelente comienzo para que un movimiento el “Cooperativismo de Plataforma” empiece a dar sus frutos hacia un bienvivir.


    5) Conclusión personal y posibles caminos de cambio

“Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.” El principito, Antoine de Saint Exupèry

Aunque he ido comentando el libro “Cooperans 2.0” a lo largo del texto, quisiera cerrarlo con una conclusión personal compuesta por la triada de marcos o metáforas que empleé para su análisis. Primeramente, la línea del tiempo pasado-presente-futuro, que desde la perspectiva que he empleado tiene forma de línea recta y es muy adecuado para trazar una cierta narrativa. Aunque si pudiéramos alejarnos lo suficiente en la distancia, quizás esa parte de la línea geométrica pertenece, más bien, a un círculo o una espiral donde pasado-presente-futuro se entremezclan (véase temas de antropología del tiempo, física cuántica y el tiempo o novelas, ensayos y películas con esa paradójica idea). Por otra parte, también he examinado el libro desde el punto de vista, nunca mejor dicho, de una triada visual con sus luces, sombras y partes invisibles. Todo ello ha confluido es esa batalla por los bienes comunes que se está dando en este presente-futuro y cuyo resultado es impredecible o más bien invisible a nuestros ojos. Una de las ideas más claras que ha servido de unión en el libro entre sus tres partes viene dada por la fórmula del exceso.

Crecimiento ilimitado = (consumismo x híper-individualismo) publicidad

Y sobre ese exceso ha puesto el foco su mirada Richard Heinberg, colaborador del Post-Carbon Institute, en un artículo o manifiesto que realmente merece la pena ser leído (de momento sólo en inglés). En él nos ilustra, doblemente, sobre los marcos comunicacionales con sus luces y sus sombras. Primeramente, por el titular del artículo ya que el original se publicó en Ecowatch y a los pocos días lo hizo en el blog del Post Carbon Institute con idéntico contenido pero distinto marco. En el primer caso el título “Systemic change driven by moral awakening is our only hope” (El cambio sistémico impulsado por el despertar moral es nuestra única esperanza). En el segundo caso, el titular que ya ha sido replicado por otros medios lleva el título “Why climate change isn’t our biggest environmental problem, and why technology won’t save us” (¿Por qué el cambio climático no es nuestro mayor problema ambiental, y por qué la tecnología no nos salvará?) En un juego de luces y sombras, Heinberg, muestra la luz que nos puede cegar, ese foco en el cambio climático y las sombras donde hay que buscar las soluciones, pensamiento sistémico y despertar ético. Para aquellos que quieran saber por qué el cambio climático no es nuestro principal problema, Heinberg manifesta que el cambio climático es un síntoma y la fuente o causa es cómo bien afirmaba Matthieu, el exceso (overshoot). Nos hemos excedido en muchos frentes y esto atenta contra la capacidad de carga de nuestro planeta. Este año el día que marca la sobrecapacidad del planeta, aquel en el que los humanos ya hemos consumido lo que la Tierra puede regenerar en un año, ha pasado a ser el 2 de agosto. Si seguimos una línea temporal desde el primer año en el que se estableció que era 1987 nos encontramos que en aquel año el día era el 19 de diciembre. En 1990 era el 7 de diciembre, en el año 2000 el 1 de noviembre, en el año 2010, el 21 de agosto y siguiendo este camino de excesos, en el año 2018 posiblemente sea ya un día de julio.

Respecto al tema tecnológico, aquí ya hemos escrito diferentes artículos como este, del mito de la tecnología o este de la tecnosfera. En el caso del ensayo de Heinberg, este afirma que sólo se dirige a paliar los síntomas y no la enfermedad y nos deja este video de la campaña “No hay App para esto”. En este video, una antropormización de la tecnología, nos cuenta a lo largo del tiempo su vínculo con los humanos, pero dados sus excesos de los últimos años pide que no se le explote más.



La fórmula del exceso con esos cuatro factores, que yo personalmente llamaría la “fórmula del malvivir”, pudiera tener su alter ego en una “fórmula del bienvivir”. Concretamente el modelo que planeaba para la sostenibilidad estaba marcado por cuatro elementos. Si los extrapolo a la ecuación del exceso podría quedar así:

Medio Ambiente = (Bienestar Responsable x Derechos Globales) Ética Global

Transformado en esos valores, que no están a la vista, sino que se palpan en la cultura y que serían el alter ego de esa metáfora del apocalipsis,

Muerte = (Victoria x Guerra) Hambre

se obtendría otra posible perspectiva de la fórmula del bienvivir:

Existencia = (Realización Humana x Convivencia) Consciencia

El lema del bienvivir que hemos adoptado en esta asociación “Seres humanos más felices, en sociedades más equilibradas, y en armonía con su entorno” se ve reflejado en esa fórmula. Nuestra existencia depende del Medio Ambiente (Planeta) y para ello se requiere una convivencia entre todas las culturas y entre todo tipo organizaciones (globales y locales) que en él se dan y que viene marcada por unos derechos Globales. Así como existen derechos, existe su alter-ego las responsabilidades. A nivel individual se deberían conjugar éstas con el desarrollo de las necesidades y capacidades de cada individuo. Finalmente, la principal palanca de apoyo que en pensamiento dinámico viene a ser el lugar donde el mínimo esfuerzo da la mejora más significativa y sostenible para el sistema, sería como dice Heinberg, el despertar moral. Es decir, en la fórmula anterior, la consciencia o la ética Global.

Finalmente, si se quiere profundizar en los detalles de ese despertar ético, el modelo que planteé y en el cual sigo trabajando, tiene también sus cuatro factores éticos. Además, expongo la que creo yo que es la principal palanca de apoyo (exponencial), el diálogo ético. 

Ética Medioambiental = (Ética de las virtudes x Ética de la Solidaridad) Ética dialógica

Planteado ya este problema en el artículo de la metáfora del elefante y los ciegos, el ser humano no puede conocer la totalidad de la realidad. En pensamiento sistémico, quizás, la primera regla, es conocer la gran perspectiva (big picture) del sistema. Pero esto, por definición, por nuestra pequeñez, es un imposible, por ello se requiere de la cooperación, del diálogo de los diferentes responsables para entenderse, reflexionar, ver los puntos ciegos propios que otros si los pueden ver cuando nos enseñan su perspectiva…. en el fondo un diálogo ético del Homo Cooperans. Como decía alguien anónimamente:



     6) Epílogo

Además de que el mapa no es el territorio, Korzybski nos decía que el nombre no es la cosa nombrada. He estado hablando de “economía” pero esta palabra tiene diferentes connotaciones según el contexto o los valores de las personas que la definen. Personalmente su significado para mí está muy relacionado, principalmente, con el contexto del primer y cuarto postulados de Max Neef sobre la economía: “La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía” y “No hay economía que sea posible en la ausencia de servicios de ecosistema”. Por otra parte, el apellido de economía en este caso “colaborativa” tiene también su contexto según la perspectiva de cada uno. Para algunos, la economía colaborativa de Uber y Airbnb no es la misma economía colaborativa que la de una cooperativa que, por ejemplo, se dedicase a la alimentación ecológica. Tenemos que diferenciarla y como bien dice el dicho, para gustos los colores. En el primer foro de Economía alternativas (NESI) del cual ya hemos hablado aquí se juntaron a dialogar diferentes aproximaciones a la economía. Quizás tenían un apellido diferente, bien común, azul, solidaria… etc. pero en el fondo el nombre se dirigía a ese contexto propuesto por Max-Neef. De hecho, ese grupo de economías con diferentes apellidos colaboraron para la elaboración de la “Carta NESI” cuyo objetivo es servir a las personas y al planeta. Para aquellos que quieran conocer ese arco iris de colores de la nueva economía, Guy Dauncey al final de su ensayo “A new cooperative economy” (Una nueva economía cooperativa) que obtuvo uno de los premios de “The Next System Project” nos ofrece un apéndice con un listado de casi 70 modelos de nueva economía.


Apéndice: Listado de diferentes iniciativas para explorar e inspirarse



Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.


Antonio Machado

Esta es una recopilación que he realizado con las diferentes alternativas, algunas ya conocidas como Wikipedia, Libreoffice, Firefox y Linux, que va describiendo Matthieu Lietaert en su libro Homo Cooperans 2.0 para que si alguien está interesado pueda explorar e inspirarse:

Bajo el asfalto está la huerta (BAH!), colectivo dedicado a la agroecología que propone un modelo alternativo de producción, distribución y consumo agrícola. Este modelo se basa en la autogestión, sustentado en una estructura asamblearia y un funcionamiento horizontal que hace posible la relación directa productor/a - consumidor/a, implicando la participación tanto del colectivo de trabajadores/as como de los diferentes grupos de consumo de distintos barrios, localidades y colectivos…

La colmena que dice sí, compra alimentos de calidad a los productores y elaboradores locales. Participa en la familia de productores y vecinos de tu barrio.

Park Slope Food Coop, (EEUU), buena comida a bajos precios para miembros trabajadores a través de una cooperativa desde 1973. Parecido BEES Coop en Bélgica y La Louve en Francia.

Fab Lab es el proyecto de extensión educativa del CBA (Center for Bits and Atoms) del MIT, una extensión de su investigación sobre fabricación y computación digital. Un Fab Lab es una plataforma de prototipado técnico para la innovación y la invención, que proporciona estímulo para el emprendimiento local. Un Fab Lab es también una plataforma para el aprendizaje y la innovación: un lugar para jugar, para crear, para aprender, para enseñar y para inventar.

Fabcity, es un nuevo modelo urbano para ciudades autosuficientes, localmente productivas y conectadas globalmente.

Cooperativa Integral Catalana, iniciativa de transición desde abajo, mediante la autogestión, la autoorganización y el trabajo en red.

Faircoin,  criptomoneda del ecosistema Faircoop que es una cooperativa abierta de ámbito mundial que se autoorganiza a través de internet fuera de los límites y controles de los estados nación.

Consorcio de cooperativismo de plataforma, es un movimiento en auge que construye un futuro del trabajo más justo. Una serie de autónomos, unos miembros de cooperativas y un amplio abanico de usuarios de Internet han creado una alternativa concreta y a corto plazo a la “economía colaborativa” extractiva. 

Carpling, la red social para ahorrar tiempo y dinero en tus desplazamientos a diario y en algunas cosas más... al tiempo que contribuyes a cuidar el único planeta que tienes.

Drupal es un software de gestión de contenidos. Se utiliza para hacer muchos de los sitios web y las aplicaciones que utilizamos todos los días. El proyecto Drupal es software de código abierto. Cualquiera puede descargar, usar, trabajar y compartirlo con otros. Se basa en principios como la colaboración, el globalismo y la innovación. Se distribuye bajo los términos de la GNU General Public License (GPL). No hay nunca cargos por licencias. Drupal siempre será gratis.

La fábrica de la transición, proyecto que planea ofrecer uno de los lugares de vida y de experimentación más progresistas de Europa. Un centro donde la teoría se encuentra con la práctica, donde se crean soluciones a los problemas y donde éstos pueden ser replicados en otros pueblos y ciudades.

MOOC List, una lista completa de cursos online gratuitos y MOOC’s

Open Source Ecology (OSE). Una economía de código abierto y libre es una economía eficiente que aumenta mediante la colaboración abierta. Para llegar allí, OSE está desarrollando actualmente un conjunto de planos de código abierto, set de construcción de la aldea global (GVCS), un conjunto de las 50 máquinas más importantes que se necesita para que exista la vida moderna - desde un tractor hasta un horno, hasta una máquina de hacer circuitos eléctricos.

FLOK Society, Buen Conocer. Conocimiento abierto, común y compartido en Ecuador.

Ouishare, cuya misión es crear y promover una sociedad colaborativa justa, abierta y de confianza conectando personas, organizaciones e ideas. Es un think and do tank.

Guifi.net, es un proyecto tecnológico, social y económico impulsado desde la ciudadanía que tiene por objetivo la creación de una red de telecomunicaciones abierta, libre y neutral basada en un modelo de procomún. El desarrollo de esta infraestructura mancomunada facilita el acceso a las telecomunicaciones en general y a la conexión a Internet de banda ancha en particular, de calidad, a un precio justo y para todo el mundo. Además, genera un modelo de actividad económica colaborativa, sostenible y de proximidad. Parecido pero en telefonía se encuentra la Phone Liberation Network

Freecycle, es un movimiento popular y sin fines de lucro de personas que están dando (y recibiendo) cosas gratis en sus propios pueblos y barrios. Se trata de reutilizar y mantener las cosas buenas fuera de los vertederos.


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